Es 30 de abril. Cachi-mayo. Me desperté a las 12 del mediodía, como ayer, como las últimas semanas. Llevo 6 años post-pandemia intentando recuperar mis hábitos perdidos, los hábitos que quedaron masacrados en el camino.
El sacudón al sistema fue muy grande. Pese a conservar la homeostasis en mayor o menor medida, estamos observando un período transitorio demasiado largo en proporción a la vida útil promedio del mismo. Y enumero:
- El foco no es lo que era
- La creatividad no es lo que era
- La disciplina no es lo que era
- Se observa una adicción a estímulos dopaminérgicos en mayor o menor medida según la ocasión
- El sistema inmunológico se halla empobrecido
- Y demás...
Luego de una etapa de análisis, determinamos que un elemento muy cercano a la raíz del problema (si no la raíz en sí) es el denominado celular o smartphone. Todo lo que tiene de smart este phone es lo que nosotros dejamos de tener luego de su uso prolongado.
No es del todo descabellado considerar que estamos en una epidemia o pandemia con un mal que, dado lo temprano de su detección y lo lucrativo de su existencia, no es reconocido aún como tal por la sociedad en general. Si bien ya hay sectores que lo reconocen como tal, otros prefieren hacer la vista gorda, o incluso alimentar su consumo.
A mí me recuerda a épocas que no viví (anemoia), en las que se permitía fumar a bordo de los aviones o en los cines. O quizás a los estudios de Marie Curie siendo contaminada por el radio y el polonio (salvando las distancias). Hoy en día, se considera totalmente nocivo el humo del tabaco y está apropiadamente segmentado en todas partes. Aunque debería estar prohibido por completo pero bueno, ya llegaremos ahí. Pienso que en unos años, el celular se vería sometido a tratamientos similares. Ya comenzamos con las prohibiciones (acertadas) en las escuelas, pero todavía lo vivimos demasiado naturalmente en nuestra vida cotidiana.
Ahí es cuando entra la disciplina de cada uno. Aunque, como cualquier adicción, es muy difícil de combatir por cuenta propia. El cerebro siempre buscará la forma de convencernos de que debemos continuar con el hábito nocivo, aún a sabiendas de que lo está arruinando por dentro y por fuera.
En mi caso, no considero que sea algo tan preocupante, aunque me preocupa. Especialmente, porque nunca en mi vida tuve problemas que ahora estoy teniendo de repente. Considero esto el resultado de un cóctel perfecto: aislamiento en la pandemia, liberación post-pandémica con desregulación social, pérdida del esquema dopamínico tradicional, abuso de la virtualidad, sobrecarga del entorno doméstico, y termina de detonar con el boom de los videos cortos y, encima, el surgimiento y explosión descontrolada de la inteligencia artificial.
Estamos viviendo una novela genérica de ciencia ficción distópica, pero con los detalles menos espectaculares que los autores omiten (porque nunca se los esperaron, tal vez).
Doy ejemplos:
El aislamiento en la pandemia nos rompió el bicho social, y muchos de nuestros hábitos de años.
La liberación post-pandémica nos empezó a reconstruir el bicho social, pero de forma desregulada. Empezamos a hacer muchísimas cosas que no habríamos hecho nunca, por mera abstinencia.
Incluso, algunas cosas fueron actividades de las cuales nos habíamos privado siempre; sea por miedo, por desconocimiento, por pereza, o por otras razones. Muchas de estas cosas ampliaron considerablemente nuestro esquema dopaminérgico: hicimos algo que nos trajo cantidades inauditas y nunca antes vistas de placer. En mi caso, fueron tal vez las fiestas.
Hago una pausa en este tema porque es fácil de graficar, y luego sigo:
Esquema dopaminérgico tradicional:
|----------| (el primer | es lo más aburrido, el segundo | lo más divertido)
Esquema dopaminérgico post-pandemia:
|----------|-------------------------------------| (el primer | es lo más aburrido, el segundo | lo más divertido tradicionalmente, el tercer | lo más divertido post-pandemia)
Se observa que nuestro máximo en el esquema tradicional ahora cae dentro de lo más aburrido en el esquema actualizado. El problema es que todas, literalmente todas las tareas o actividades que conocemos caen en este esquema. Eso incluye a las actividades necesarias para, por ejemplo, el mantenimiento de la higiene o el orden doméstico. Ahora, son más aburridas que nunca. Y al conocer la nueva droguita, intentaremos evitarlas lo más posible.
Vuelvo a los ejemplos:
Estudiar era factible. Trabajar varias horas era factible. Ahora ya no es factible.
Nuestra cama era un lugar de descanso, de reposo, a lo sumo (y habitualmente repudiado), un lugar de ocio para leer un rato. Ahora, es además de todo eso, nuestra universidad o escuela, nuestro trabajo, nuestro todo. En inglés algunos dicen que "bedroom is allroom" ahora. ¿Cómo podemos trabajar si estamos en el mismo lugar donde dormimos? ¿Cómo podemos dormir en la oficina? (No podemos).
Todo es pantallas. Todo está a un click y en el espejo negro que llevamos en el bolsillo. Tenemos todo nuestro dinero, nuestras fotos, nuestra vida social, nuestra existencia entera incorporada a un rectángulo metálico alienígena que nos roza la piel de la pierna la mayor parte del día. O está en la mesa porque, cierto, ya no salimos de casa.
Si esto fuera poco, se le suma la mayor adicción #1 del mundo actualmente: jugar con la IA. Es increíblemente fácil e increíblemente sorprendente hacer una imagen de nuestra mascota caminando en la luna, o un video de Elon Musk conversando con un amigo nuestro. Nos hace reír, mucho, nos sorprende muchísimo porque jamás lo pensamos posible. Obviamente eso es adictivo. Y es gratis. O casi gratis. Tiene un gasto millonario pero que estamos ignorando, hasta que explote, supongo.
Así que, de a poquito, se va yendo todo al carajo. En muchos casos, se fue al carajo por completo. Ya nada te trae gratificación. Los malos hábitos solamente lo hacen, y por muy poco tiempo, haciendo que el esquema del que te hablaba hace un rato se siga expandiendo, y solo siga haciendo más difícil hacer las cosas que sí tenés que hacer. Y que, peor aún, siempre hiciste sin problemas.
Estos son algunos de los pensamientos que rondan mi cabeza últimamente. Y me molestan. Me molesta haber perdido varias habilidades y cualidades a esta enfermedad colectiva que se está desarrollando. Me molesta tener que acomodar mis hábitos a otros más nocivos, simplemente porque es la forma de conectar con la sociedad. Me da bronca tener que reconstruirme.
Pero se puede. Y estoy viendo cómo hacerlo.
Tampoco es lógico pasar de todo esto a la vida antigua que teníamos, que estaba mucho más regulada y estabilizada. De la misma forma que pasamos de eso a esto, gradual y lentamente, podemos revertirlo. Incluso, mucho más rápido, porque estamos desandando un camino ya conocido en lugar de adentrarnos en uno por conocer, a machetazos por la jungla. Aunque creció un poco el pasto para atrás, y probablemente tengamos que hacer uso del machete gómez. Tenelo a mano.
Mi plan toma paso por paso al monstruo de la rienda más accesible y le da un sopapo. Hace uno o dos meses, la rienda fue tomarme más tiempo a la mañana para desayunar en vez de hacerlo mientras trabajaba, y darme un baño. Este hábito todavía no se formó del todo. Pero ahí anda, y sirve. El hábito más reciente fue salir de casa todos los días. Así como lo leés. Algo que nunca estuvo en jaque, que "salía solo", ahora es algo en lo que enfocarse.
El siguiente paso será retirar el celular del santo sepulcro que debería ser la cama. Ayer me compré un reloj despertador. Y desinstalé Instagram y Facebook. Muy cliché todo esto, pero todos sabemos que es lo que tenemos que hacer y no lo hacemos. Me cansé así que lo hice y listo. (Como siempre hice...)
Sé que cada paso de estos hacia adelante puede tener medio paso hacia atrás. Por ejemplo, algunas de mis mañanas no son tan organizadas como quería. Hoy no me bañé todavía. Hoy me desperté a las 12 del mediodía y desayuné un almuerzo. No sirve esto.
Intentaré retornar mi vida lo más que pueda a los hábitos del 2010. Cuando la dosis de tecnología era todavía medianamente saludable. Ponele. Pero aggiornado para tampoco convertirme en un ermitaño digital de la postmodernidad suprema. Con cuidado, porque aggiornar pasa rápidamente a ser una excusa para no hacer las cosas que sabés que tenés que hacer.
De ahora en más, continuaré con un breve relato estilo diario con las novedades cada algunos días.
Si encuentro algo que me sirve lo agrego.
Empezando:
30 de abril de 2026
Escribí lo anterior hace segundos. Hábitos aún desregulados. Intentando recuperar mis mañanas. Ayer compré un reloj despertador, hoy me llega. Intentaré no usar el celular a la noche ni a la mañana; a definir el cronograma.
1 de mayo de 2026
Feliz día a algunos.
Primer día utilizando el despertador analógico à la 2010. En general, estuvo bueno.
Dejé el celular en otra habitación y no lo utilicé ni en las horas previas a dormir, ni en las horas posteriores a despertar. En cambio, me quedé con una libretita anotando las inquietudes que tuviera para resolver al otro día. De hecho, como me empecé a aburrir (¡bien!), estuve haciendo ambigramas en el cuadernito.
Curioso ver como la creatividad florece sola cuando se le da un poquitito de espacio...
Mi humor matutino fue un poco mejor que lo habitual. Veremos si esto es un caso aislado o tendencia.
entrada en desarrollo
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