Cada tanto en esas clases entraba la señora con el teclado. Un teclado, digo, un piano eléctrico. El instrumento. Pedía permiso al docente, se asentaba en una mesa adelante de todo, observaba el panorama de la clase, y comenzaba a cantar. Su voz era bastante poco armoniosa, chillona, y a menudo mantenía esas notas agudas que generaban un murmullo en el aula, producto de una risa contenida en masa. Y como si eso fuera poco, sus hits estaban todos en una lengua extranjera que nadie del aula manejaba: el hebreo.
A lo largo de los años la misma señora se presentó de la misma manera en todos los cursos, incluso algunos dicen haberla visto en la terraza sola o en el vestuario de la pileta. Siempre saludaba afectuosa y cordialmente a los docentes, y se mostraba como una conocida. Pero nos quedamos en 'se mostraba'.
Un día, de tantos que existen en la vida de uno, se comenzó a rumorear que nadie conocía verdaderamente la proveniencia de la señora. Pues, se contaba que se escuchó a unas profesoras manteniendo una conversación similar a la siguiente:
+ "Che, ¿vos sabés quién es esa del piano?"
- "No, ni idea, pensé que la conocías."
+ "¿En serio? Yo pensé lo mismo. ¿Y quién es?"
- "Creo que nadie la conoce. Varias veces hablé con otras del área y todas la saludan porque las otras la saludamos nomás."
+ "Que raro..."
El rumor se hizo más extenso, pasando por todos los docentes, llegando a la jefa del área de historia (pues la señora del piano siempre entraba a las aulas de los docentes de historia), y ante tamaño misterio, esta pregunta llegó al mismísimo Director de la institución. Bueno, en realidad el rumor del esparcimiento del rumor de la señora del piano era otro rumor.
Pasó un tiempo... No se produjo ningún avistamiento de la señora del piano por unos meses. Pero eso era habitual, no estaba por todo el año interrumpiendo las clases de historia.
Hasta que me pasó esto.
Me había dormido muy temprano el día anterior, y entonces terminé despertándome más temprano que de costumbre. Como no tenía nada para hacer, me fui a clases bien bien temprano. Total, abrían las puertas como hora y media antes de la primera hora.
Llegué, bien temprano, de hecho antes que nadie, y me quedé esperando en la puerta hasta que abrieran, para poder entrar. En todos los años que había asistido allí, nunca había oído de nadie, ni de nadie que hubiera oído de nadie más, que hubiese llegado tan temprano como para esperar afuera. Creo que fui uno de los primeros en hacer eso, sino el primero.
Ya faltando 90 minutos para la primera hora (había llegado unas 2 horas antes), se abren las puertas, desde adentro. Me llamó muchísimo la atención, porque esto significa que ya había gente adentro, o que entraron por otra entrada, aunque yo no conocía ninguna otra además de la principal. Supuse que habría otra entrada.
Cuando entré, el lugar estaba completamente desierto. Ni siquiera había alguien que pudiera haber abierto la puerta. "Bueno, cerradura electrónica o algo", pensé.
Ya que era tan temprano, pensé caminar un poco por el colegio, total, no tenía nada para hacer, y bueno, ya fue.
Así que subí las escaleras, me propuse ir hasta el lugar más recóndito en la hora más insólita, solo como un 'logro desbloqueado' para mí mismo. Estaba, repito, sin nada mejor para hacer.
Entonces pensé subir a la terraza. Siempre había visto una puerta que conducía a algún lugar al que nunca había logrado entrar, y pensé aprovechar la situación para echarle un vistazo.
Llego al piso número seis, hago un pequeño paso de parkour para saltar por un hueco y ver si podía abrir la puerta desde ahí. Era como un mostrador o una barra extraña que había ahí, no sabía bien por qué... Hasta ese momento.
Debajo de la barra había una tapa, en el piso. No sé qué se me cruzó por la cabeza, que se me ocurrió levantarla a ver qué había debajo.
Al hacer eso, yo esperaba ver cablerío, o bien algunos caños, una rejilla... Pero no... Veo una escalera vertical que descendía unos metros para abajo. Curioso, pues, este era el último piso para arriba; no suele haber sótanos en la terraza...
Y bueno, qué más da... Descendí. Con cuidado dejé la mochila, iluminé un poco para ver si había algo que pudiera salir mal, y con un poco de imprudencia simplemente me metí en el agujero.
Tras descender unos 5 metros, me encontraría en una especie de entrepiso entre el piso 4to y 5to. Y hasta el día de hoy no puedo creer lo que vi.
Era un salón gigantesco, que ocuparía todo el piso de ese ala del edificio, sin ninguna pared en el medio, con un techo de una altura de cerca de 120 centímetros. Ahora me hacía mucho sentido por qué los pisos tenían tantos escalones entre ellos... Existían entrepisos muy amplios, quién sabe para qué.
Pero este no era un entrepiso cualquiera.
Estaba lleno,
completamente lleno
de teclados eléctricos.
Tenía una iluminación muy tenue, que venía principalmente del hueco por el que había bajado. Ya con un poquito de miedo (qué digo, estaba cagado) encendí la linterna de mi teléfono celular para ver mejor.
Ni bien se encendió el LED, que demora aproximadamente 0,7 segundos desde que se presiona el botón, me estremecí completamente y sentí escalofríos como si la temperatura hubiese descendido a -15 grados centígrados.
En el fondo del salón, bien allá lejos, estaba la señora. Quiero decir, yo pensé en algún momento de mi travesura que la señora podría haber estado allí múltiples veces, que utilizase eso como espacio de almacenamiento. Pero nunca, nunca, me esperaba verla allí... En su cama.
Por supuesto apagué inmediatamente la luz, pero lo que pude ver era una cama, al fondo de la sala, un velador al lado de la cama, una pila de libros, muchísimas partituras, y muchísimos, INNUMERABLES teclados rotos, y algunos sanos.
Escuché un movimiento, como si hubiese despertado a la señora, pero inmediatamente salí corriendo, subí por la escalerita, me raspé un poco las manos sin querer, puse la tapa, y rajé súbitamente de ese lugar.
Me fui lo más lejos que pude, yendo al comedor que estaba en la planta baja, esperando que la señora no bajase... Pues, yo seguía siendo el único que estaba en todo el lugar.
Afortunadamente eso no sucedió, y después de una hora comenzó a llegar más gente. El día siguió con normalidad.
---
Hasta el día de hoy, no me había animado a contarle esto a nadie. ¿Qué significaría lo que ví? ¿Cuánto tiempo hacía que la señora estaba en ese sótano de un metro 20 de altura? ¿Cómo podía ser que alguien viviera así? ¿Era acaso legal? ¿De dónde vino, y hacia dónde iría la señora? Demasiadas preguntas que nadie podría contestar, demasiadas preguntas que nadie debería plantearse nunca.
Pero hoy, ya varios años después de que yo terminara de cursar en ese lugar, me animo a contarlo...
Espero que no desate la catástrofe.
Sinceramente,
yo.
Mis Páginas
Bienvenido al sector de Internet que no sabías que existía.
miércoles, 1 de mayo de 2019
sábado, 24 de noviembre de 2018
G18 - (pensando en voz alta y tipeándolo)
///esta narración ha sido eliminada debido a que su contenido era malo en demasía///
viernes, 2 de noviembre de 2018
Tercero
25 de febrero de 1972. En la oscura sala estaban los cinco en torno a una mesa con pilas y pilas de fotos de esa persona. Solamente una cálida luz tenue iluminaba, proveniente de una antigua bombilla que colgaba, casi de casualidad, de un corroído cable que nadie debía tocar. El plan estaba casi completo, solo quedaba repasarlo unas veces más y estaría pronto a ser ejecutado. Se veía con claridad, pese a ser tan poco claro, que las intenciones no eran buenas. Y tenían un motivo más que justificado. "Esa persona no podía seguir haciendo de las suyas", se repetían una y otra vez cuando alguno de los integrantes del grupo recordaba alguna anécdota. No hay manera. No podías.
Una vez culminó la junta siniestra, se retiraron uno a la vez, usando camperas negras con capucha. Cada media hora salían del antro, subían los 52 escalones que los separaban de la calle, dirigiéndose a los cuatro puntos cardinales. Era la única manera de no ser todos atrapados.
27 de febrero de 1972. Los fines de semana eran días sagrados. No podían pisar ese lugar, pues era todo menos sagrado. Cualquier persona considerada normal por el tumulto de la humanidad, de haber conocido a cualquiera de ellos, los habría catalogado como seres carentes de moral y ética; sin embargo, no les faltaba ni una pizca de auto-moral o auto-ética. No se podían permitir realizar sus tareas en un fin de semana. Era inaceptable.
Tomaron los bolsos, con fotos y quizás algo más pesado, desperdigaron una vez más todas las fotos, los planos, los bocetos; la totalidad del plan. Previo a comenzar, como era hábito, el dicho: "recuerda aquello que todo aquel olvidará".
Repitióse lo cotidiano.
28 de febrero de 1972. Ese día era clave; ¿por qué? Era el día anterior al plan. Sin embargo, era de noche. Ya no quedaba repasarlo más, ni mucho menos sugerir mejoras o cualquier tipo de enmienda. Era el día para posicionarse. Cada uno de los cinco, cada uno de los cinco a un rincón diferente de la ciudad, aparentemente sin relación alguna. "Sin relación alguna". El reloj pronto marcaría el comienzo de un nuevo día en la ciudad, en el país, y eso lo sería todo. 11:58, y contando.
Comenzaba el juego.
Retiró el primero, colocado cerca de la antena principal (la cual habían adulterado para lograr mayor recepción), el artilugio que tanto añoraban. Al ser tal la fecha, los sistemas de toda la ciudad, de tan solo 3033 habitantes, dejaban de funcionar por un día, el 29 de febrero. Por un error de cálculo, no habían sido tenidos en cuenta los años bisiestos, por lo que el día 29 de febrero había sido simplemente declarado un feriado; un día de absoluta inoperancia; un día que nunca existió.
29 de febrero de 1972. A las 00:00 de este día, activó el primero el dispositivo. Los sistemas se apagaban, entraban en pausa por un día entero, un error de cálculo; esa y otras mentiras eran las conocidas por los habitantes de esa ciudad, de ese poblado, de esa población, de ese lugar con casas que a duras penas era funcional. Ese oscuro, lúgubre, desolado, y pobre asentamiento, rodeado de extensísimos campos grises, incesantemente nublado con las más densas nubes grises. No conocían el día, no conocían la noche; únicamente por la hora era que se guiaban. ¿Error de cálculo del sistema meteorológico? Guiarse, ¿para qué? Para tareas mundanas, inútiles. No avanzaba, no retrocedía, no se estancaba. Era un despojo de lugar.
La cruda verdad: este artilugio, un día encontrado junto a una casa de un granjero loco, desaparecido hace ya décadas, tenía cientos de botones, perillas, luces, etiquetas, carteles, engranes. Con unos pequeños ajustes, así como uno podía regular el volumen de la radio, o bien prender y apagar las luces de un coche, podía uno también interactuar, se diría, manipular a ese poblado horrible. Había sido hallado casi destrozado, casi como un pedazo inservible de basura, describiendo gráficamente como una analogía perfecta al lugar de donde venía; ese pueblito.
Se suponía, según el grupo de los cinco, que en alguna ocasión se había descompuesto. Así como una radio comenzaría a emitir intermitencias extrañas, este aparato había descompuesto a la ciudad. A sus habitantes, a su clima, incluso al sol que alguna vez salía y se ponía.
Luego de muchísimo estudio (el grupo de cinco tenía la característica de ser exhaustivo en sea lo que sea que hiciese; así investigaron a fondo a la máquina), lograron calcular que en algunas fechas se moverían algunos engranes, dando lugar a combinaciones que no eran posibles en el momento. Nuevos botones, nuevas teclas, nuevas noticias para el pueblo horrible que serían explicadas por esa persona de una manera falsa pero linda para escuchar.
En innumerables ocasiones habían intentado ser oídos, ser reconocidos, simplemente ser. Pero esa persona, poderosa y sumamente inoperante, no quería desaferrarse a lo que llamaba "milagros de nuestro Dios". Y así fue como fue apresada.
Seguía siendo 29 de febrero, pues ese día los pilotes se moverían, girarían los pestillos, y el botón se activaría. Se podía leer, en una lengua imposible que lograron descifrar en base a los escritos del granjero loco, que ese botón haría algo así como 'frenar el río'. ¿Será el río, el agua corriente, "el arroyo perenne", lo que conocemos como el curso del tiempo? Así lo creían firmemente los cinco.
29 de febrero, 00:00, 4 segundos. Ya había presionado el botón dos veces, luego una pulsación corta, luego tres largas. Nada indicaba que fuera de otra forma, en ningún libro o documento de esa casa hoy en ruinas. De hecho, había al menos cinco papeles que lo describían de la misma manera. "Frenar el río".
29 de febrero, 00:00, 6 segundos. El test de conectividad temporal había sido exitoso. De otra manera, la bengala que el segundo habría de tirar al aire a las 23:59 del día anterior se habría escuchado; y yo no oí nada. No era factible un error de cálculo, o un error de ningún tipo. El grupo de los cinco no sabía fallar.
29 de febrero, 00:00, 9 segundos. ¿Cuál era la diferencia con lo que sucedía cada cuatro años respecto a esta fecha? Cada vez que existía un 29 de febrero, la máquina realizaba una suerte de reset, devolviendo el día siguiente a la 'normalidad' que poseía el pueblo ese, un asco de lugar. La gente creía que estaba simplemente tomándose el día como un feriado cualquiera, como nochebuena o como año nuevo. Lo que sucedía, estimaban los cinco, no era más que una inhibición de las ondas cerebrales de todo humano en el radio que circunscribía al pueblo ese. Realmente no lo entendían bien, ni querían hacerlo. Únicamente conocían y dominaban los efectos prácticos.
Pero en esta ocasión, a esa inhibición (que, cabe destacar, ellos previeron y ahuyentaron de sí con cascos de metal), se le sumaba el 'freno del río'.
Ahora podían controlar y modificar el pueblo a gusto.
29 de febrero, 00:00, 15 segundos. Al haber pasado 15 segundos, el cuarto sabía que era su turno. La máquina dejaría de hacer ruidos en el segundo siguiente, entraría en efecto la inhibición total; era el punto en el que debía disparar.
Allí estaba la persona, y un segundo después dejaba de estarlo. Solo quedaba una masa de células, sin ondas cerebrales, sin noción del tiempo, ahora también sin vida. "No maté a una persona, sólo introduje metal dentro de un saco de carne"; se dijo el cuarto a sí mismo.
29 de febrero, seguía siendo, ahora 00:00, 16 segundos. La persona no cayó al suelo, ni permaneció en la misma posición. Simplemente, como habían calculado, la inserción del metal en el seno de la emisión de las ondas cerebrales a la vez que las mismas se desactivaban causaba un ligero retroceso en el engranaje mayor de la máquina, controlado por los pensamientos del pueblo, avanzando conforme avanzaba el tiempo allí.
Acto seguido, la persona dejó de estar allí. Ese retroceso en el tiempo implicaba que todo lo que estaba allí debía seguir estando. Pero la persona había dejado de estar allí en ese instante. Pues ahora, no estaría. En efecto, no estaba más.
29 de febrero, 00:00, 18 segundos. El quinto, al conocer la hora, se colocó en ese instante en el lugar donde la persona estuvo, en algún momento; más bien, seguía estando allí. A efectos de la máquina, nunca se había movido. ¿Quiénes sabían que esa persona era otra? De hecho, ¿era otra realmente?
29 de febrero, 00:00, 19 segundos. El primero, siguiendo el plan como habían repasado los últimos 3 años y medio, todos los días semanales, presionó nuevamente el botón. Esta vez, según quien alguna vez fue un granjero loco con inventos casi incomprensibles, el río volvería a fluir.
29 de febrero, 00:00, 20 segundos. Y en ese momento, el grupo de los cuatro volvió a la normalidad. El tiempo volvió a ser lo que alguna vez intentó ser, en ese pueblo horrible, y la gente comenzó su día festivo, quedándose en sus casas todo el día sin saber por qué lo hacían.
Se dirigieron los cuatro, cada uno tomando el camino que debía, para entrar, 52 escalones bajo tierra y darse las manos para no verse nunca más.
"El plan ha sido un éxito", dijeron. Sin embargo, aunque no lo sabían, ellos no tenían la más mínima idea de qué había sido de su plan. Parte del mismo consistía en olvidarse todo una vez el plan concluía. La documentación, también, había sido escrita en un lenguaje en clave que solo era descifrable con la totalidad del grupo. Por alguna razón, estando los cuatro juntos, no podían entender nada. Lo atribuyeron a una funcionalidad de la máquina que ellos no conocieron; aún así, había sido un éxito y lo sabían. Ellos nunca fallaban.
Los cuatro. Nunca.
1 de marzo.
2 de marzo
3 de marzo.
...
Una vez culminó la junta siniestra, se retiraron uno a la vez, usando camperas negras con capucha. Cada media hora salían del antro, subían los 52 escalones que los separaban de la calle, dirigiéndose a los cuatro puntos cardinales. Era la única manera de no ser todos atrapados.
27 de febrero de 1972. Los fines de semana eran días sagrados. No podían pisar ese lugar, pues era todo menos sagrado. Cualquier persona considerada normal por el tumulto de la humanidad, de haber conocido a cualquiera de ellos, los habría catalogado como seres carentes de moral y ética; sin embargo, no les faltaba ni una pizca de auto-moral o auto-ética. No se podían permitir realizar sus tareas en un fin de semana. Era inaceptable.
Tomaron los bolsos, con fotos y quizás algo más pesado, desperdigaron una vez más todas las fotos, los planos, los bocetos; la totalidad del plan. Previo a comenzar, como era hábito, el dicho: "recuerda aquello que todo aquel olvidará".
Repitióse lo cotidiano.
28 de febrero de 1972. Ese día era clave; ¿por qué? Era el día anterior al plan. Sin embargo, era de noche. Ya no quedaba repasarlo más, ni mucho menos sugerir mejoras o cualquier tipo de enmienda. Era el día para posicionarse. Cada uno de los cinco, cada uno de los cinco a un rincón diferente de la ciudad, aparentemente sin relación alguna. "Sin relación alguna". El reloj pronto marcaría el comienzo de un nuevo día en la ciudad, en el país, y eso lo sería todo. 11:58, y contando.
Comenzaba el juego.
Retiró el primero, colocado cerca de la antena principal (la cual habían adulterado para lograr mayor recepción), el artilugio que tanto añoraban. Al ser tal la fecha, los sistemas de toda la ciudad, de tan solo 3033 habitantes, dejaban de funcionar por un día, el 29 de febrero. Por un error de cálculo, no habían sido tenidos en cuenta los años bisiestos, por lo que el día 29 de febrero había sido simplemente declarado un feriado; un día de absoluta inoperancia; un día que nunca existió.
29 de febrero de 1972. A las 00:00 de este día, activó el primero el dispositivo. Los sistemas se apagaban, entraban en pausa por un día entero, un error de cálculo; esa y otras mentiras eran las conocidas por los habitantes de esa ciudad, de ese poblado, de esa población, de ese lugar con casas que a duras penas era funcional. Ese oscuro, lúgubre, desolado, y pobre asentamiento, rodeado de extensísimos campos grises, incesantemente nublado con las más densas nubes grises. No conocían el día, no conocían la noche; únicamente por la hora era que se guiaban. ¿Error de cálculo del sistema meteorológico? Guiarse, ¿para qué? Para tareas mundanas, inútiles. No avanzaba, no retrocedía, no se estancaba. Era un despojo de lugar.
La cruda verdad: este artilugio, un día encontrado junto a una casa de un granjero loco, desaparecido hace ya décadas, tenía cientos de botones, perillas, luces, etiquetas, carteles, engranes. Con unos pequeños ajustes, así como uno podía regular el volumen de la radio, o bien prender y apagar las luces de un coche, podía uno también interactuar, se diría, manipular a ese poblado horrible. Había sido hallado casi destrozado, casi como un pedazo inservible de basura, describiendo gráficamente como una analogía perfecta al lugar de donde venía; ese pueblito.
Se suponía, según el grupo de los cinco, que en alguna ocasión se había descompuesto. Así como una radio comenzaría a emitir intermitencias extrañas, este aparato había descompuesto a la ciudad. A sus habitantes, a su clima, incluso al sol que alguna vez salía y se ponía.
Luego de muchísimo estudio (el grupo de cinco tenía la característica de ser exhaustivo en sea lo que sea que hiciese; así investigaron a fondo a la máquina), lograron calcular que en algunas fechas se moverían algunos engranes, dando lugar a combinaciones que no eran posibles en el momento. Nuevos botones, nuevas teclas, nuevas noticias para el pueblo horrible que serían explicadas por esa persona de una manera falsa pero linda para escuchar.
En innumerables ocasiones habían intentado ser oídos, ser reconocidos, simplemente ser. Pero esa persona, poderosa y sumamente inoperante, no quería desaferrarse a lo que llamaba "milagros de nuestro Dios". Y así fue como fue apresada.
Seguía siendo 29 de febrero, pues ese día los pilotes se moverían, girarían los pestillos, y el botón se activaría. Se podía leer, en una lengua imposible que lograron descifrar en base a los escritos del granjero loco, que ese botón haría algo así como 'frenar el río'. ¿Será el río, el agua corriente, "el arroyo perenne", lo que conocemos como el curso del tiempo? Así lo creían firmemente los cinco.
29 de febrero, 00:00, 4 segundos. Ya había presionado el botón dos veces, luego una pulsación corta, luego tres largas. Nada indicaba que fuera de otra forma, en ningún libro o documento de esa casa hoy en ruinas. De hecho, había al menos cinco papeles que lo describían de la misma manera. "Frenar el río".
29 de febrero, 00:00, 6 segundos. El test de conectividad temporal había sido exitoso. De otra manera, la bengala que el segundo habría de tirar al aire a las 23:59 del día anterior se habría escuchado; y yo no oí nada. No era factible un error de cálculo, o un error de ningún tipo. El grupo de los cinco no sabía fallar.
29 de febrero, 00:00, 9 segundos. ¿Cuál era la diferencia con lo que sucedía cada cuatro años respecto a esta fecha? Cada vez que existía un 29 de febrero, la máquina realizaba una suerte de reset, devolviendo el día siguiente a la 'normalidad' que poseía el pueblo ese, un asco de lugar. La gente creía que estaba simplemente tomándose el día como un feriado cualquiera, como nochebuena o como año nuevo. Lo que sucedía, estimaban los cinco, no era más que una inhibición de las ondas cerebrales de todo humano en el radio que circunscribía al pueblo ese. Realmente no lo entendían bien, ni querían hacerlo. Únicamente conocían y dominaban los efectos prácticos.
Pero en esta ocasión, a esa inhibición (que, cabe destacar, ellos previeron y ahuyentaron de sí con cascos de metal), se le sumaba el 'freno del río'.
Ahora podían controlar y modificar el pueblo a gusto.
29 de febrero, 00:00, 15 segundos. Al haber pasado 15 segundos, el cuarto sabía que era su turno. La máquina dejaría de hacer ruidos en el segundo siguiente, entraría en efecto la inhibición total; era el punto en el que debía disparar.
Allí estaba la persona, y un segundo después dejaba de estarlo. Solo quedaba una masa de células, sin ondas cerebrales, sin noción del tiempo, ahora también sin vida. "No maté a una persona, sólo introduje metal dentro de un saco de carne"; se dijo el cuarto a sí mismo.
29 de febrero, seguía siendo, ahora 00:00, 16 segundos. La persona no cayó al suelo, ni permaneció en la misma posición. Simplemente, como habían calculado, la inserción del metal en el seno de la emisión de las ondas cerebrales a la vez que las mismas se desactivaban causaba un ligero retroceso en el engranaje mayor de la máquina, controlado por los pensamientos del pueblo, avanzando conforme avanzaba el tiempo allí.
Acto seguido, la persona dejó de estar allí. Ese retroceso en el tiempo implicaba que todo lo que estaba allí debía seguir estando. Pero la persona había dejado de estar allí en ese instante. Pues ahora, no estaría. En efecto, no estaba más.
29 de febrero, 00:00, 18 segundos. El quinto, al conocer la hora, se colocó en ese instante en el lugar donde la persona estuvo, en algún momento; más bien, seguía estando allí. A efectos de la máquina, nunca se había movido. ¿Quiénes sabían que esa persona era otra? De hecho, ¿era otra realmente?
29 de febrero, 00:00, 19 segundos. El primero, siguiendo el plan como habían repasado los últimos 3 años y medio, todos los días semanales, presionó nuevamente el botón. Esta vez, según quien alguna vez fue un granjero loco con inventos casi incomprensibles, el río volvería a fluir.
29 de febrero, 00:00, 20 segundos. Y en ese momento, el grupo de los cuatro volvió a la normalidad. El tiempo volvió a ser lo que alguna vez intentó ser, en ese pueblo horrible, y la gente comenzó su día festivo, quedándose en sus casas todo el día sin saber por qué lo hacían.
Se dirigieron los cuatro, cada uno tomando el camino que debía, para entrar, 52 escalones bajo tierra y darse las manos para no verse nunca más.
"El plan ha sido un éxito", dijeron. Sin embargo, aunque no lo sabían, ellos no tenían la más mínima idea de qué había sido de su plan. Parte del mismo consistía en olvidarse todo una vez el plan concluía. La documentación, también, había sido escrita en un lenguaje en clave que solo era descifrable con la totalidad del grupo. Por alguna razón, estando los cuatro juntos, no podían entender nada. Lo atribuyeron a una funcionalidad de la máquina que ellos no conocieron; aún así, había sido un éxito y lo sabían. Ellos nunca fallaban.
Los cuatro. Nunca.
1 de marzo.
2 de marzo
3 de marzo.
...
lunes, 24 de septiembre de 2018
¿Inclusivo? Sobre el "incleng"
Mal llamado "lenguaje inclusivo"; mi intento de definición:
¿Por qué lo llamo 'un pensamiento profundamente irracional'? Por los siguientes motivos:
contrario a lo que un inclenguista cree, la palabra "todos" tiene un significado completamente inclusivo:
Los inclenguistas podrían argumentar, sin embargo: "¿Y entonces por qué 'todas' no se refiere a un conjunto diverso, sino únicamente a un conjunto de mujeres?" Es sencillo responderlo aclarando que, en español se ha optado por la palabra "todos" para llevar ese significado. ¿Por qué?
¿Entonces debe crear una palabra nueva que se refiera ESPECÍFICAMENTE a esas 'no personas'? ¿¿"Todes"?? ¿¿¿Realmente, el que dice "todos los de ese grupo", busca INTENCIONALMENTE EXCLUIR a las mujeres, personas no binarias, y helicópteros de caza???
En el caso de que esa persona realmente tuviera ganas de excluir a todos aquellos, por diversión, o por alguna necesidad imperial que le surge de lo más profundo... ¿obligarlo a usar el 'lenguaje inclusivo' lo haría reflexionar? ¿De veras cambiaría su parecer?
Me parece que si alguien, sea cual sea la razón, tiene esos pensamientos, no se logrará cambiar su forma de pensar cambiando las palabras.
Creo que aquí hay un problema, y es que el argumento del inclenguista se vuelve demasiado vano y contradictorio como para prevalecer.
Primero se ha de cambiar la forma de pensar, luego el idioma tendrá sentido y nadie podría pensar que se está excluyendo a alguien intencionalmente.
No tiene sentido cambiar las palabras para tapar una supuesta, o una efectivamente existente, exclusión.
Es como si yo no aprobara un examen, y en lugar de decir "no estudié y me fue mal" dijera "ahora se aprueba con menos nota". LO QUE HAY QUE CAMBIAR ES EL ESTUDIO, REMEDIARLO Y APROBAR EL EXAMEN, NO EL MARCO DE LAS NOTAS. Es la misma idea.
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Para darle un cierre, culmino mencionando mi postura personal en cuanto a un inclenguista convencido:
Hable usted como quiera. No lo voy a reprochar por usar palabras inventadas; todos inventamos palabras y usamos palabras que no existen en el ámbito informal, y formal también. Nadie diría "buscar en el buscador de Google", sino que dirían "buscar en Google" o simplemente "googlear". Y a nadie le importa que se haga así.
Lo único que les imploro es lo siguiente:
No me impongan un habla incoherente ni me obliguen a usarla
Existen suficientes maneras diferentes de hablar que tienen el mismo resultado que un inclenguista busca conseguir.
Investiguen sobre eso, y creen un 'neo-incleng' mejor. O bien, sigan usando el mismo idioma que todos los hispanoparlantes usamos, y tengan en mente que
nadie busca excluiros.
(Además... les quedan muchísimos otros idiomas por 'enmendar'... el español es sólo uno entre miles. Las personas que hablan los otros idiomas, siguen siendo personas.)
"Llámase a la modificación intencional del lenguaje, generalmente mediante el cambio de la vocal final de un adjetivo, pronombre, o artículo que se refiera a un grupo de personas o a una persona desconocida, con el objeto de darle a aquella palabra un significado supuestamente más amplio, o que incluya más personas de las que se cree, incorrectamente, que ya incluye. Algunos ejemplos son: todes, les, algunes, ningune, chiques, alumnes, entre otras."Al cambiar la palabra "todos" por "todes", el lenguajeinclusivoparlante (incleng o inclengoparlante, lo llamaré) busca, como respuesta a un pensamiento profundamente irracional que de alguna manera se desató en su interior, 'incluir a la totalidad de las personas a la que se quiere referir'. Lo que yo comprendo al oír esta explicación, pues, es que la palabra "todos" está necesariamente excluyendo a alguien; de lo contrario, no haría falta "incluir" a alguien que no está siendo incluido. Si se cambia la palabra para que incluya a la totalidad, es porque la anterior no lo hace, de acuerdo a los argumentos del incleng.
¿Por qué lo llamo 'un pensamiento profundamente irracional'? Por los siguientes motivos:
contrario a lo que un inclenguista cree, la palabra "todos" tiene un significado completamente inclusivo:
pronombre indefinidoSin embargo, por alguna razón, el inclenguista ha optado por negar la definición, aunque ya sabe que es esa, creando una nueva por su cuenta para poder así tener algo con lo que no estar de acuerdo y luchar para que ello cambie. Es aquí cuando mi entendimiento del incleng cesa. Insisto, en un principio esta palabra ya tenía un significado vasto.
"Sin antecedente y en plural, se refiere a la mayor parte de personas o cosas que se considera que pertenecen a un conjunto determinado."
Los inclenguistas podrían argumentar, sin embargo: "¿Y entonces por qué 'todas' no se refiere a un conjunto diverso, sino únicamente a un conjunto de mujeres?" Es sencillo responderlo aclarando que, en español se ha optado por la palabra "todos" para llevar ese significado. ¿Por qué?
- O bien por el Teorema del Palomar
- O bien porque en el pasado la sociedad estaba condicionada así
- O bien porque todo el idioma tiene 'cierta connotación masculina' y de esta forma se mantendría una suerte de simetría
- O bien porque la mayoría de la población es varón
Pero, al fin y al cabo, a nadie le importa esto. El argumento inclenguista no busca dar un punto a favor de su uso, sino un punto en contra. buscando generar un contraste 'echándole la culpa al otro'.
Sí, la palabra "todas" no hace referencia a un conjunto de personas en general, sino específicamente a un grupo de mujeres. ¿Y qué? Cuando alguien hace referencia a la "mano hábil" de una persona, generalmente se refiere a su mano diestra. ¿O lo van a negar? Por supuesto, es fácil decir que no es así al mirar las dos palabras de esa oración. "Mano hábil", la gente tiene dos manos, puede ser cualquiera. Pero esa no era la intención original. Si no, ¿por qué existirían bancos para diestros? Entre otras cosas, ese tema fue cubierto en la siguiente entrada.
No es la idea culpar al uno y al otro de qué cosas hace mal, o remontarse a los orígenes ancestrales del idioma para respaldarse. Se debe mirar únicamente el presente y ser objetivo en cuanto a lo que se está diciendo. De otra manera, nunca se logrará avanzar en este debate; sólo se logrará dividir entre inclenguistas y anti-incleng. Y no existirían posturas intermedias. MAL.
Además, ¿por qué inventar una nueva palabra, cuando se puede decir, en cambio:
la totalidad de las personas, toda persona, la gente, toda la gente, sin exceptuar a nadie, nadie no, cualquiera que esté en [...], ese grupo, esa colectividad, esa comunidad... ETC?
O lo que es muchísimo más fácil, más eficiente, y deja una libre interpretación del receptor: usar sujeto tácito.
Doy algunos ejemplos:
- "En este curso ya todos tenemos un teclado" ==> "En este curso nadie no tiene un teclado." // "En este curso ya cubrimos la cuota individual de teclados"
- "Igualdad y libertad para todos" ==> "Igualdad y libertad" // "Igualdad y libertad para cualquiera"
- "Eso se lo di a él porque ya todos los otros lo tenían" ==> "Se lo di porque nadie más no lo tenía"
- "¿Vamos a ir todos juntos?" ==> "¿Vamos a ir en grupo? // ¿Vamos a ir juntos?"
Se puede jugar mucho con el idioma y lograr expresiones que ya existen y son utilizadas, en el caso de que no se quiera usar la palabra "todos", insisto, por un pensamiento irracional.
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Otra cosa que se suele oír cuando uno conversa con quien practica el inclenguismo es lo siguiente; creo yo, es este el argumento más 'doublethink' que existe entre quienes comparten estas ideas:
"¡¡Al decir 'todos y todas' no se incluye a las personas no binarias!!" - Un "incleng" difundiendo sus ideas
Simplemente... yo digo lo siguiente:
Antes de decir nada, vuelvan a leer la definición de "todos". Se las dejo acá también:
"Sin antecedente y en plural, se refiere a la mayor parte de personas o cosas que se considera que pertenecen a un conjunto determinado".¿Por lo que un inclenguista no considera a las personas no binarias... como personas?
¿Entonces debe crear una palabra nueva que se refiera ESPECÍFICAMENTE a esas 'no personas'? ¿¿"Todes"?? ¿¿¿Realmente, el que dice "todos los de ese grupo", busca INTENCIONALMENTE EXCLUIR a las mujeres, personas no binarias, y helicópteros de caza???
En el caso de que esa persona realmente tuviera ganas de excluir a todos aquellos, por diversión, o por alguna necesidad imperial que le surge de lo más profundo... ¿obligarlo a usar el 'lenguaje inclusivo' lo haría reflexionar? ¿De veras cambiaría su parecer?
Me parece que si alguien, sea cual sea la razón, tiene esos pensamientos, no se logrará cambiar su forma de pensar cambiando las palabras.
Creo que aquí hay un problema, y es que el argumento del inclenguista se vuelve demasiado vano y contradictorio como para prevalecer.
Primero se ha de cambiar la forma de pensar, luego el idioma tendrá sentido y nadie podría pensar que se está excluyendo a alguien intencionalmente.
No tiene sentido cambiar las palabras para tapar una supuesta, o una efectivamente existente, exclusión.
Es como si yo no aprobara un examen, y en lugar de decir "no estudié y me fue mal" dijera "ahora se aprueba con menos nota". LO QUE HAY QUE CAMBIAR ES EL ESTUDIO, REMEDIARLO Y APROBAR EL EXAMEN, NO EL MARCO DE LAS NOTAS. Es la misma idea.
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Para darle un cierre, culmino mencionando mi postura personal en cuanto a un inclenguista convencido:
Hable usted como quiera. No lo voy a reprochar por usar palabras inventadas; todos inventamos palabras y usamos palabras que no existen en el ámbito informal, y formal también. Nadie diría "buscar en el buscador de Google", sino que dirían "buscar en Google" o simplemente "googlear". Y a nadie le importa que se haga así.
Lo único que les imploro es lo siguiente:
No me impongan un habla incoherente ni me obliguen a usarla
Existen suficientes maneras diferentes de hablar que tienen el mismo resultado que un inclenguista busca conseguir.
Investiguen sobre eso, y creen un 'neo-incleng' mejor. O bien, sigan usando el mismo idioma que todos los hispanoparlantes usamos, y tengan en mente que
nadie busca excluiros.
(Además... les quedan muchísimos otros idiomas por 'enmendar'... el español es sólo uno entre miles. Las personas que hablan los otros idiomas, siguen siendo personas.)
sábado, 15 de septiembre de 2018
Recuerdos y funciones
Si estás viajando en un tren, y después te bajas, te subís a otra línea, pero que tiene coches iguales; si esta segunda línea tiene mal la hora en el tren y dice solo un minuto más que la hora que estaba cuanso descendiste de la primera, si te golpeaste al entrar, provocando una pérdida temporal de memoria, olvidando el momento en el que cambiaste de línea, nunca te vas a enterar que ocurrió cambio alguno sino hasta que bajes del tren y veas que es otra línea.
¿Cómo sabemos que no es posible provocar esas fallas de memoria de forma intencional, en algún futuro, provocando que los recuerdos cambien? No es necesario que el olvido surja en el cambio de tren, puede ser cuando sea.
Y el recuerdo final será un desastre; originalmente no estuviste confundido al salir del segundo tren, pero ahora recordás que deberías haberlo estado. Un minuto. No necesariamente!
Si no estuviste desconcertado al bajar del tren es porque es normal cambiar entre dos líneas, pero sin embargo, nunca recordás ese cambio.
En teoria es posible eliminar una fracción de recuerdo que originalmente no podría haber sido posible sin alterar el recuerdo como una función y = f(x) con x = viaje en tren e y = recuerdos que generó.
Se puede modificar f() sin alterar su salida.
Considerar f(x) = (x+1) comparado con g(x) = ((x+1)(x-2)) / (x-2). Ver gráficos.
Solo cambia un punto, no la forma.
lunes, 3 de septiembre de 2018
Colectividad - premio y castigo
Así como una condena a un preso no es un castigo que busque remediar su conducta, sino intentar mostrar al resto de la comunidad que lo que ha hecho es indebido, un premio para quien cumple con su trabajo puede ser visto de la misma manera.
A menudo, la gente reprocha ante la siguiente situación: el empleado X llega todos los días en horario, cumple con todas las tareas que se le indican, se retira en tiempo y forma y nunca provoca disturbios, ni mucho menos. El empleado X, luego es anunciado como el mejor empleado, y recibe un premio que ninguno de sus compañeros recibió. Un empleado Y, de otra compañía, al enterarse de esta noticia se enfada: "¡Yo siempre cumplo con mi trabajo y nadie me regala nada! ¡No deberían darle un premio al que hace lo que se debería, sino castigar a los que no lo hacen!"...
De ahí surge: ¿se debe castigar a quienes no cumplen con lo dictado, o bien a quienes realizan acciones para entorpecer a quienes desean cumplir con lo dictado? ¿se debe felicitar a quienes cumplen con lo dictado, o a quienes cumplen con su deber y más cosas sin que se le pidan?
Visualizado: dictado = 5
5 4 2 2 2 3 1 3 3 0 2 3 5 5 2 3 1 -> solo 3 personas cumplen con lo dictado; llegan temprano, hacen todas sus tareas, y se van a tiempo sin causar disturbios. Hacen exactamente lo que se les pide.
5 8 9 7 0 5 2 3 1 8 6 3 5 4 8 0 1 -> 9 personas cumplen con lo dictado, pero hay 4 de ellas que cumplen con lo dictado y mucho más; es decir, llegan perfectamente puntuales, no faltan nunca, hacen todas las tareas y adelantan las que son necesarias hacer, hacen horas extra sin reclamar nada, únicamente por gusto o porque lo sienten como deber; en este caso, los que cumplen con exactamente "5" no recibirían ningún premio, en el caso anterior, sí lo harían. ¿Entonces?
¿Sirven los premios para que los que ya cumplen las tareas se sientan mejor, o para que los que no las cumplen tengan ganas de cumplirlas? ¿Los premios se basan en el esfuerzo que hace cada uno, o en cuánto no hacen sus vecinos? ¿La prisión endereza el camino del preso, o agrega advertencias en el camino de quien aún no se ha corrompido?
Estas inquietudes aparecen al ver en un colectivo el cartel: "¡Da gusto viajar con algunos choferes! Ingresá a @cuentafalsa y comentá el número de línea del colectivo y el número de este chofer (a continuación se mostraba qué número era ese chofer), para participar por un año de viajes gratis". ¿El chofer recibirá algún trato especial? No sabemos si realmente quiere ese trato especial, o si hace que sus pasajeros viajen mejor simplemente por orgullo propio. No sabemos si la compañía ideó este 'sorteo' porque sus choferes manejaban como el culo, no sabemos si la gente que participe en el sorteo realmente aprecia el andar del chofer, o simplemente ansían obtener el año de viajes gratis.
En definitiva, los premios sirven para que quien los reciba se sienta bien un instante, y son a menudo independientes del mérito individual, y dependientes de la comparación colectiva de quien lo recibe y quienes no.
Después de todo, ¿qué significa destacarse sino haber hecho algo distinto al resto?
¿Existe alguna manera de saber cuándo el premio es merecido y cuándo es solo una manera de llegar a modificar la forma de ser del resto?
Por supuesto, existen excepciones, como a todo.
A menudo, la gente reprocha ante la siguiente situación: el empleado X llega todos los días en horario, cumple con todas las tareas que se le indican, se retira en tiempo y forma y nunca provoca disturbios, ni mucho menos. El empleado X, luego es anunciado como el mejor empleado, y recibe un premio que ninguno de sus compañeros recibió. Un empleado Y, de otra compañía, al enterarse de esta noticia se enfada: "¡Yo siempre cumplo con mi trabajo y nadie me regala nada! ¡No deberían darle un premio al que hace lo que se debería, sino castigar a los que no lo hacen!"...
De ahí surge: ¿se debe castigar a quienes no cumplen con lo dictado, o bien a quienes realizan acciones para entorpecer a quienes desean cumplir con lo dictado? ¿se debe felicitar a quienes cumplen con lo dictado, o a quienes cumplen con su deber y más cosas sin que se le pidan?
Visualizado: dictado = 5
5 4 2 2 2 3 1 3 3 0 2 3 5 5 2 3 1 -> solo 3 personas cumplen con lo dictado; llegan temprano, hacen todas sus tareas, y se van a tiempo sin causar disturbios. Hacen exactamente lo que se les pide.
5 8 9 7 0 5 2 3 1 8 6 3 5 4 8 0 1 -> 9 personas cumplen con lo dictado, pero hay 4 de ellas que cumplen con lo dictado y mucho más; es decir, llegan perfectamente puntuales, no faltan nunca, hacen todas las tareas y adelantan las que son necesarias hacer, hacen horas extra sin reclamar nada, únicamente por gusto o porque lo sienten como deber; en este caso, los que cumplen con exactamente "5" no recibirían ningún premio, en el caso anterior, sí lo harían. ¿Entonces?
¿Sirven los premios para que los que ya cumplen las tareas se sientan mejor, o para que los que no las cumplen tengan ganas de cumplirlas? ¿Los premios se basan en el esfuerzo que hace cada uno, o en cuánto no hacen sus vecinos? ¿La prisión endereza el camino del preso, o agrega advertencias en el camino de quien aún no se ha corrompido?
Estas inquietudes aparecen al ver en un colectivo el cartel: "¡Da gusto viajar con algunos choferes! Ingresá a @cuentafalsa y comentá el número de línea del colectivo y el número de este chofer (a continuación se mostraba qué número era ese chofer), para participar por un año de viajes gratis". ¿El chofer recibirá algún trato especial? No sabemos si realmente quiere ese trato especial, o si hace que sus pasajeros viajen mejor simplemente por orgullo propio. No sabemos si la compañía ideó este 'sorteo' porque sus choferes manejaban como el culo, no sabemos si la gente que participe en el sorteo realmente aprecia el andar del chofer, o simplemente ansían obtener el año de viajes gratis.
En definitiva, los premios sirven para que quien los reciba se sienta bien un instante, y son a menudo independientes del mérito individual, y dependientes de la comparación colectiva de quien lo recibe y quienes no.
Después de todo, ¿qué significa destacarse sino haber hecho algo distinto al resto?
¿Existe alguna manera de saber cuándo el premio es merecido y cuándo es solo una manera de llegar a modificar la forma de ser del resto?
Por supuesto, existen excepciones, como a todo.
domingo, 2 de septiembre de 2018
La leyenda inventada del intercambio
Cuenta la antigua leyenda... Que acabo de inventar... Basada en hechos reales. 100% reales.
En un templo de alguna religión y cultura que el tiempo ya ha borrado, hace tantos años que ya perdimos la cuenta, residían pacíficamente dos alumnos y su Maestro... Todos los días a las 5 a.m. se levantaban a realizar el ritual del plato. Consistía en sentarse en el suelo, con los pies descalzos, cruzar las piernas, y observar un plato que ellos mismos habían fabricado por una hora. De esta forma, decía el Maestro (estaba medio chiflado pero igual sabía algunas cosas), podrían apreciar su propia creación, y permitía reflexionar sobre cómo es posible manipular la materia a gusto y crear lo que se nos dé la gana. Eso decía el Maestro, pero la verdad era que los platos que hacían sus alumnos eran exportados para ser vendidos como artesanías. Aunque tiene algo de verdad lo que decía el Maestro. En fin, los platos eran platos comunes y corrientes, no necesariamente los que sus alumnos habían, con tanto recelo, creado para admirar.
Uno de aquellos días, un alumno se despierta un poco dolorido, pues la noche anterior había estado... haciendo rituales distintos. Dejémoslo ahí. Este alumno, luego de dirigirse al Estante Sagrado de la Cocina para prender un plato y proceder a realizar su ritual, procedió a sentarse en el piso junto a su queridísimo compañero, quien estaba mirando fijamente un plato en el piso. Naturalmente, el alumno que se había despertado dolorido, también estaba mareado, y además, no veía nada. Estaba ligeramente en ruinas. Accidentalmente, trastabilló, y pisó el plato de su queridísimo compañero; no sólo lo pisó, sino que luego se tropezó nuevamente, dando lugar a una patada ninja que impuso una fuerza en el plato, provocando una trayectoria lineal que fue interrumpida únicamente una vez que el plato alcanzó la pared y se le salió un pedazo.
"¡Has profanado mi plato!", le dijo quien había sido su queridísimo compañero; pues ahora estaba re caliente.
"¡Oohh! Q carajo, quiero dormir lpm", le replicó su amigable compañero en ruinas.
"¡Maldito seas! ¡Pagarás por lo que has hecho!", fue la respuesta que recibió.
Seguido a esto sucedió algo que puede ser descrito como 'quilombo'; era el caso que el alumno dormido no presentaba ni el más mínimo grado de interés para recuperar la pieza que se había salido del plato que se hizo bosta contra la pared, y era el caso también de que el alumno cuyo plato había sido perjudicado tenía un conocido que era policía.
"¡Le diré a mi policía y ya verás! ¡Pagarás por mi plato!"... esa y otras amenazas fueron lanzadas en los minutos que le siguieron a aquel suceso.
Entonces, hizo su aparición el Maestro.
"¿Qué carajo sucede en mis aposentos? He de poner orden. Cuenten inmediatamente lo que acaba de suceder, y mañana me hacen un plato nuevo eh.", dijo solemnemente el Maestro de los Maestros.
A continuación, ambos alumnos contaron lo sucedido, cada uno, naturalmente, desde su punto de vista.
El Maestro, una vez estuvo perfectamente al tanto de la situación, se dirigió a la Santa Cocina y el Mueble de los Platos, prendió el plato de su alumno dormido, y procedió a lanzarlo contra la pared.
Luego, tomando la pieza que se había desprendido del plato, vociferó:
"Ahí lo tienes, queridísimo alumno cuyo plato ha sido vulnerado. Ahora ve, obliga a tu compañero irresponsable a que pegue este pedazo al plato que ha sido dañado, y tendrás un plato nuevo para venerar."
"En cuanto a ti, alumno dormido, cabe recalcar que presentas un grado considerable de estupidez, y por consiguiente, tu plato estará ahora dañado por siempre, simbolizando el pedazo de cerebro que te falta,pelotudo"; sabias palabras de un verdadero Maestro.
Lo que el Maestro bien sabía, era que la pieza perdida del plato que su alumno hizo reventar contra la pared probablemente habría caído en una zona de la Sala del Ritual del Plato, en donde el alumno que había causado tal injuria siempre tomaba la merienda. El Maestro sabía claramente que él la encontraría en unas horas.
---
"Upa... ¿y esto?", dijo el alumno, luego de haber dormido la siesta, cuando se dirigió a merendar y encontró la pieza perdida. "Carajo, el maestro es un campeón. Rompió mi plato porque sabía perfectamente que iba a encontrar la pieza... Que hijo de mil p" y la frase continuó por tres letras más.
"¡Maestro! ¡Usted es un hijo de mil p", entre otras letras, le dijo el alumno a su Maestro cuando se enteró del plan macabro que había llevado a cabo. "¿Cómo sabía que iba a encontrar la pieza? ¿Cómo sabía donde se encontraba sin siquiera buscarla?"
A lo que el Maestro Hijo De P le respondió:
"Querido... ¿Sabes todos los platos que he roto en mi vida? Las malditas piezas siempre terminan en los lugares más inesperados... Parece que lo hacen a propósito las hijas de remil p", algo más dijo después de eso pero no consideramos que sea relevante. "Sabía que el lugar ese donde tomás la merienda, que es una porquería, dicho sea de paso, y encima está todo sucio, ahí siempre van a parar esas piecitas de mier", quizás dijo 'miércoles', no lo sabemos.
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Y así fue como el Maestro logró un perfecto intercambio de piezas, logró hacer justicia obligando al alumno a pegar ambos platos, y quedó como un campeón; un grande el Master
En un templo de alguna religión y cultura que el tiempo ya ha borrado, hace tantos años que ya perdimos la cuenta, residían pacíficamente dos alumnos y su Maestro... Todos los días a las 5 a.m. se levantaban a realizar el ritual del plato. Consistía en sentarse en el suelo, con los pies descalzos, cruzar las piernas, y observar un plato que ellos mismos habían fabricado por una hora. De esta forma, decía el Maestro (estaba medio chiflado pero igual sabía algunas cosas), podrían apreciar su propia creación, y permitía reflexionar sobre cómo es posible manipular la materia a gusto y crear lo que se nos dé la gana. Eso decía el Maestro, pero la verdad era que los platos que hacían sus alumnos eran exportados para ser vendidos como artesanías. Aunque tiene algo de verdad lo que decía el Maestro. En fin, los platos eran platos comunes y corrientes, no necesariamente los que sus alumnos habían, con tanto recelo, creado para admirar.
Uno de aquellos días, un alumno se despierta un poco dolorido, pues la noche anterior había estado... haciendo rituales distintos. Dejémoslo ahí. Este alumno, luego de dirigirse al Estante Sagrado de la Cocina para prender un plato y proceder a realizar su ritual, procedió a sentarse en el piso junto a su queridísimo compañero, quien estaba mirando fijamente un plato en el piso. Naturalmente, el alumno que se había despertado dolorido, también estaba mareado, y además, no veía nada. Estaba ligeramente en ruinas. Accidentalmente, trastabilló, y pisó el plato de su queridísimo compañero; no sólo lo pisó, sino que luego se tropezó nuevamente, dando lugar a una patada ninja que impuso una fuerza en el plato, provocando una trayectoria lineal que fue interrumpida únicamente una vez que el plato alcanzó la pared y se le salió un pedazo.
"¡Has profanado mi plato!", le dijo quien había sido su queridísimo compañero; pues ahora estaba re caliente.
"¡Oohh! Q carajo, quiero dormir lpm", le replicó su amigable compañero en ruinas.
"¡Maldito seas! ¡Pagarás por lo que has hecho!", fue la respuesta que recibió.
Seguido a esto sucedió algo que puede ser descrito como 'quilombo'; era el caso que el alumno dormido no presentaba ni el más mínimo grado de interés para recuperar la pieza que se había salido del plato que se hizo bosta contra la pared, y era el caso también de que el alumno cuyo plato había sido perjudicado tenía un conocido que era policía.
"¡Le diré a mi policía y ya verás! ¡Pagarás por mi plato!"... esa y otras amenazas fueron lanzadas en los minutos que le siguieron a aquel suceso.
Entonces, hizo su aparición el Maestro.
"¿Qué carajo sucede en mis aposentos? He de poner orden. Cuenten inmediatamente lo que acaba de suceder, y mañana me hacen un plato nuevo eh.", dijo solemnemente el Maestro de los Maestros.
A continuación, ambos alumnos contaron lo sucedido, cada uno, naturalmente, desde su punto de vista.
El Maestro, una vez estuvo perfectamente al tanto de la situación, se dirigió a la Santa Cocina y el Mueble de los Platos, prendió el plato de su alumno dormido, y procedió a lanzarlo contra la pared.
Luego, tomando la pieza que se había desprendido del plato, vociferó:
"Ahí lo tienes, queridísimo alumno cuyo plato ha sido vulnerado. Ahora ve, obliga a tu compañero irresponsable a que pegue este pedazo al plato que ha sido dañado, y tendrás un plato nuevo para venerar."
"En cuanto a ti, alumno dormido, cabe recalcar que presentas un grado considerable de estupidez, y por consiguiente, tu plato estará ahora dañado por siempre, simbolizando el pedazo de cerebro que te falta,
Lo que el Maestro bien sabía, era que la pieza perdida del plato que su alumno hizo reventar contra la pared probablemente habría caído en una zona de la Sala del Ritual del Plato, en donde el alumno que había causado tal injuria siempre tomaba la merienda. El Maestro sabía claramente que él la encontraría en unas horas.
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"Upa... ¿y esto?", dijo el alumno, luego de haber dormido la siesta, cuando se dirigió a merendar y encontró la pieza perdida. "Carajo, el maestro es un campeón. Rompió mi plato porque sabía perfectamente que iba a encontrar la pieza... Que hijo de mil p" y la frase continuó por tres letras más.
"¡Maestro! ¡Usted es un hijo de mil p", entre otras letras, le dijo el alumno a su Maestro cuando se enteró del plan macabro que había llevado a cabo. "¿Cómo sabía que iba a encontrar la pieza? ¿Cómo sabía donde se encontraba sin siquiera buscarla?"
A lo que el Maestro Hijo De P le respondió:
"Querido... ¿Sabes todos los platos que he roto en mi vida? Las malditas piezas siempre terminan en los lugares más inesperados... Parece que lo hacen a propósito las hijas de remil p", algo más dijo después de eso pero no consideramos que sea relevante. "Sabía que el lugar ese donde tomás la merienda, que es una porquería, dicho sea de paso, y encima está todo sucio, ahí siempre van a parar esas piecitas de mier", quizás dijo 'miércoles', no lo sabemos.
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Y así fue como el Maestro logró un perfecto intercambio de piezas, logró hacer justicia obligando al alumno a pegar ambos platos, y quedó como un campeón; un grande el Master
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