Bienvenido al sector de Internet que no sabías que existía.

lunes, 17 de agosto de 2020

The Full Year Project finalizado

 Ya pasó un año.

https://docs.google.com/document/d/1PcFSmLDOR_qh4BzK2zzpkDd7T6bLphifVGj7J4EOxRY/edit?usp=drivesdk

viernes, 31 de julio de 2020

Acronia

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Se enciende el televisor.

"...los casos aumentaron en un 29,2% comparados con los de la semana pasada. En las zonas que rondan los años '90 se observó el mayor impacto negativo en la educación, comparado con otros anuarrios. Casi el 90% de los colegios tanto públicos como privados de esas áreas aún no se pusieron en contacto con sus alumnos, siendo los hogares que están en los comienzos de la década o a mediados de los '80 los más afectados por esta situación en el aspecto educativo. Por otro lado, en la Capital, se estima que el 95% de los colegios que están en un anuarrio posterior al 2015 están realizando todas sus actividades de forma virtual, y realizaron evaluaciones correspondientes al fin del primer semestre en hora abstracta. El avance temporal de los suburbios comparado con el de la Capital se ralentizó en un 27,1%, habiendo acumulado ya casi 2 meses adicionales en promedio de cada anuarrio. Siguen en alza las protestas por..."

Se apaga.
El hijo y su madre almorzaban una vez más, a la misma hora local que todos los días.

- Almorzar con las noticias de fondo es un poco aburrido, ¿no te parece? No sé, como que pasan siempre lo mismo, ya está. Poné el programa donde sacan el lingote, a ver si está ahora.
- No, creo que hoy estamos 8 horas adelantados, como lo filman afuera viste... Va a empezar a las... A ver, dejame pensar, si empieza siempre a las 8 de la noche, entonces.. ¡ah! Sí, capaz arranca ahora a las 12 del mediodía.
- Sí, claro, decía porque ayer había empezado más tarde, entonces hoy tocaba ese desfasaje. Fijate en el celu si no, ahí lo tenés más fácil.
- Sí, sí, tenés razón. A veces me cuesta un poco llevar la cuenta todavía.
- Bueno, siendo de cuando el tiempo era lineal, la verdad que debe ser confuso, jajaja
- ¿Me dijiste vieja?
- ¡Nooo...! Igualmente ¿qué es la vejez ahora? Quedó desactualizada esa palabra.
- Y 'desactualizado' también está desactualizado.
- La verdad.

Ya hacía catorce años que se había establecido la independencia horaria absoluta, el 7 de septiembre del 2025, a las 00:00, en la que sería la hora de Greenwich. Éste había sido un plan llevado a cabo en conjunto por las Naciones Unidas que permitía a cualquier sector llevar cuenta de su propio huso horario. No solo países, sino regiones de países, ciudades, barrios, casas, personas, o cualquier entidad que tenga una matrícula en el Registro Mundial Horario, el RMH. Cualquier persona en el mundo tenía permitido enviar una petición para ser admitida a este organismo, y si cumplía con ciertas reglas (como no tener conflictos con otras zonas horarias, entre otras), sería aceptada la nueva región y cargada al Sistema Mundial de Registros Horarios que era el encargado de llevar la cuenta de todas las horas.

Esto se había propuesto después de la primera pandemia del año 2020, tras la cual se reportaron cuantiosos casos de acronia. Un síndrome que fue en algún momento un problema de muchísima gravedad, y tuvo a la continuidad de la humanidad en vilo.

Muchas personas dejaron de percibir el paso del tiempo. Quien padeciera esta condición podría mirar la hora en un reloj una vez, y luego mirarla nuevamente y ver que habían pasado 3 horas, para entonces mirar de nuevo y ver que estaba en la semana pasada. Algunos casos extremos incluso llegaron a retroceder por meses, o más.
Se creyó en primera instancia que esto era un efecto psicológico causado por el aislamiento extremo que muchos países instauraron como medida para paliar el virus, hasta que sucedió el famoso caso de Ana Izquierdo.
La mujer comenzó a sufrir de acronia cerca de su cumpleaños, con una intensidad relativamente fuerte para lo que se conocía. Ella empezó a atrasar lo que parecía una semana cada vez que llegaba al viernes, el día después de su cumpleaños. Vivía sola, y no tenía familia, así que fue solo cuando los vecinos reportaron quejas por olores de putrefacción muy fuertes que las autoridades la retiraron de su casa; un cuerpo que según los exámenes post-mortem tendría una edad de aproximadamente 130 años. La mujer, de acuerdo a su fecha de nacimiento y de defunción, debería haber tenido 73 años. Se concluyó que en realidad estaba avanzando un año entero (menos siete días), y que en verdad estaba teniendo un efecto que excedía a solo estar en su mente.

Después de este suceso, que por haber tenido lugar en el edificio en el que vivía un renombrado periodista tuvo una gran repercusión en los medios, muchas personas manifestaron haber sufrido síntomas similares.
Algunos se perdían clases virtuales, pero lo confundían con deslices (en este mismo año sucedió el boom de esta modalidad virtual, por lo que muchos simplemente lo descartaban como algo accidental), otros tenían sobredosis por tomar un medicamento muchas veces al día pero porque las alarmas sonaban demasiadas veces, otros olvidaban los cumpleaños de sus seres queridos al ver que habían sido hace diez días... En fin, la variedad de síntomas era de lo más amplio. Existían quienes movían su percepción hacia adelante, y quienes lo hacían hacia atrás.
Muy pocos manifestaban síntomas de los dos tipos, permaneciendo en la misma hora del día por lo que en realidad deberían haber sido meses. Generalmente, estos casos terminaban muy mal muy rápidamente, y desgastaban por completo hasta la muerte a quienes lo padecían.

Esta se conoció como la segunda pandemia del año 2020, y muy distinto a la primera, esta vez sí se trataba de una enfermedad o situación que la humanidad jamás había enfrentado, ni siquiera algo remotamente similar.

Dicho sea de paso, nunca se llegó a catalogar la acronia como 'enfermedad', 'síndrome', 'condición', o ningún termino médico. Algunos lo consideran una incumbencia de la física o matemática más que de la medicina.

Por fortuna, por azar, por elección divina, o porque sí, prácticamente ningún líder mundial padeció síntomas relacionados a esa condición. Casi todas las personas están de acuerdo que eso fue lo más parecido a un milagro que la humanidad pudo percibir, ya que gracias a eso fue posible la creación del RMH.
Se cree que los líderes mundiales no se vieron afectados por la acronia al no haber cumplido con el aislamiento extremo, dado su papel de figura pública que los impidió hacerlo.

Lo que se decía a mediados de ese año 2020, "nuestra vida cambió para siempre", era un grano de sal al lado del coloso agujero negro que sería la verdadera 'nueva normalidad' después de la acronia.

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2 de septiembre de 2025, cinco días antes de la instauración del RMH
Interpretación al español del comunicado de la ONU, emitido en simultáneo durante todo el día en todos los países.

"Hola a todo el mundo.
Queremos informarles que a partir de la semana que viene, concretamente el día domingo 7 de septiembre, a las 00:00 del huso horario oficial 0, estará habilitado para toda la población mundial el Sistema del Registro Mundial Horario en el cual cada persona que esté sujeta a las normas podrá solicitar la inscripción de su tiempo al mismo.
Esto es un acontecimiento histórico, posiblemente el más importante en la historia de la humanidad.
Esperamos que sea posible tener nuevamente vuelos, viajes, planificación, y organización.
La raza humana se vio extremadamente afectada, profundamente debilitada desde la aparición de los desplazamientos temporales, pero esto ya lo sabemos. Es mi orgullo anunciar que a partir del domingo esto habrá quedado atrás.
Si bien es imposible, o muy altamente improbable hallar una manera de revertir los desplazamientos, gracias a los impresionantes avances en el Internet Global al brindar ahora a todas las personas del planeta acceso a la red, será posible establecer coordinaciones nuevamente sin necesidad de tener una referencia horaria estática.
Dejaremos como legado una cuenta interna del RMH, que será llamada 'tiempo abstracto', y que equivale a la cuenta lineal que utilizábamos del tiempo antes de todo este desastre. Será contabilizada solo a modo de registro histórico y no debería ser utilizada.
Todos los dispositivos electrónicos estarán automáticamente sincronizados con su tiempo de preferencia, y realizarán todos los cálculos necesarios para comunicarse con otros y coordinar todo tipo de tareas. Agradecemos profundamente a las personas que cooperaron en salvar a la humanidad.
Es una conmoción, y realmente esperamos que volvamos a brillar. Muchas gracias."

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Todo parecía ideal. La felicidad promedio de cada persona aumentó en un 224%, y todo el mundo estaba seguro de que esto era para bien. Si bien había algunas otras pandemias, nada tenía tanto interés en ser solucionado como este tema de los tiempos.

Y fue para bien. Con algunas salvedades.

Todavía no se conocían los efectos secundarios de la acronia. Hoy resulta natural, y hablamos de anuarrios como si fuera lo más normal del mundo, pero esto no siempre fue así.
Algunas zonas, más comúnmente los barrios o pueblos más pobres parecían no tener casos de acronia, pero luego de la inscripción al RMH se detectó que efectivamente sí lo tenían, pero en una forma masiva y manifestado de una manera que no era conocida hasta ese momento.
Los relojes en el sistema parecían modificarse de forma autónoma, moviendo ahora no solo algunas horas o días, sino años completamente. Era como si existiera algún tipo de fuerza que estuviera moviendo el tiempo lineal o prefijado al tiempo que en realidad era.
Este proceso llevó algunos meses (contando en el tiempo abstracto), y fue lo que originó la subdivisión del territorio, ya no por fronteras geográficas, o políticas, sino ahora temporales.

Las zonas más pobres parecían retroceder muchos años, y las de mayor calidad de vida permanecían en el año actual, o atrasaban algunos meses. Particularmente, en la Capital se observaba un promedio de año igual a 2018, siendo que ya el año corriente debería haber sido el 2026. Algunos barrios retrocedieron hasta el 2010, el más bajo llegaba hasta el 2002, y el más alto, a fines del 2024.
Curiosamente, o quizás, por causalidad, el año de cada división horaria se correspondía con la calidad de sus avances. Asimismo, las zonas que menos avanzaban, más lento avanzaban en el tiempo.

Nadie en el mundo tenía un huso horario que se correspondiera con la hora abstracta que debería ser. Absolutamente todos estaban por detrás.
Algunas tribus que fueron registradas por exploradores estaban en años que correspondían a antes de Cristo.

Para algún lector que haya vivido estos tiempos, lo que hoy en día se denomina 'zonas en pasado', por esas épocas se llamaría 'zonas más pobres', o 'áreas más carenciadas'. La relación entre tiempo y estatus era uno a uno.

Pero la gente resurgió. La producción volvió a funcionar, y la humanidad a recuperarse.

El año promedio en todos los tiempos registrados en el RMH era, curiosamente, mediados del 2020.

viernes, 26 de junio de 2020

Languidece so disección

Los siguientes diálogos (limpiados) se dieron.

--- 26 de junio de 2020, Buenos Aires + Mar del Plata, Argentina, vía WhatsApp ---

P- Lodo sombrío, ¿dónde?

G- Lo sabías, dale...

P- Lol, sos dormilón

G- ¿Los siete días?

P- Lo siento, deniego.

G- Listo, sigo durmiendo.

S- Larva, salí deacá.

G- Lamentable su dicción...

S- Lo siento, duro.

G- Los sonidos de la selva dicen: loros, serpientes, ¿dinosaurios? La sempiterna diversidad.

G- [foto de examen] Lo sabe decir.

S- ¿Lo supiste dar? Lo simple de la solución desconcierta.

P- Lo dio sub-par.

S- ...

G- ...

S- Lamentablemente su demostración languidece so disección... lo subestima directamente. Lo siento, deberá localizar sus deficiencias.

G- Lo sabio de la sublime dada lección, Schaffi, demuestra la situación desde la separación de los seres. Dichos lúcidos seres de luz se dejan lastimar, sin dejar la simple dirección legal (su domicilio). ¡Locura!, se dice. Luego, se desencadenan los sollozos.
Directamente lograron su deber: liquidar santos débiles. ¿Lo siguiente? Difícil. Limitadas salidas, donde lo simple desaparece. Lentamente seguimos dejando la sangre derramarse.

--- luego, se dinamitó ---

P.D.: Cuarentena, día 103. Acontecido luego de que "P" compartiera los resultados parciales de una encuesta realizada para propósitos educativos sobre el Lysergsäure-Diethylamid.

domingo, 17 de mayo de 2020

El barrio secreto de Buenos Aires

Esta historia parece increíble, parece narrar algo imposible o que no tiene sentido. Pero sin embargo, aquí está narrándolo.
Debo a la conjunción de mi mal sentido de la orientación y de mi curiosidad el descubrimiento del barrio Nueva Caledonia. Habiendo habitado esta ciudad por tantos años, y habiendo leído tantos libros sobre sus curiosidades, es aún al día de hoy que no logro comprender cómo este lugar no es conocido por nadie. Ningún programa de televisión, documental, libro o informe hay que hable de su existencia. Mi abuelo, conocedor de la ciudad de punta a punta, jamás había escuchado hablar de este lugar, y mucho menos lo había visitado él mismo. Tampoco lo conocía ningún taxista, ningún repartidor de pedidos, y nadie conocía ni siquiera a alguna persona que tuviera un amigo o pariente viviendo ahí.

Sucedió así. Un día, en vacaciones de verano, me apeteció salir a dar una vuelta porque no tenía nada más que hacer, y además, porque finalmente dejaba de hacer tanto calor. En Buenos Aires, los días de verano en los que se puede respirar y el aire no se asemeja a una masa babosa flotante son un lujo y hay que aprovecharlos. Y así lo hice.
Simplemente empecé a caminar sin ningún rumbo, por varias horas. Me gustaba mucho ver cómo cambiaba el paisaje de la ciudad a medida que cambiaba de barrios, y a veces me sorprendía de lo diferente que lucían las intersecciones de las calles a pocas cuadras, o a veces a sólo unos metros de distancia. El bullicio de la avenida Rivadavia desaparecía por completo sólo a una cuadra cuando llegábamos a Yerbal, y de la misma manera se podía pasar de la desolación completa a una multitud inquieta con tan sólo caminar por la única cuadra de extensión de la calle Florencio Balcarce.
Ya no supe cuánto tiempo hacía que estaba caminando, pero al mirar el reloj pude confirmar que hacía ya tres horas que me encontraba vagando sin rumbo, y decidí que era hora de emprender la vuelta.

No conocía bien la zona en la que me había metido; más o menos recordaba el camino que había hecho para llegar hasta ahí, pero hubo un momento en el que me perdí casi por completo y decidí dejarme llevar por las arterias de mi ciudad, y consultar con mi celular en el caso de que no tuviera ni la más mínima idea de dónde me encontraba.

A veces me gustaba intentar volver para el lado que más me sugiriera mi intuición, si bien no conocía para nada ese barrio. Había caminado realmente mucho, y quizás podría estar por la zona de Villa Urquiza, o Parque Chas. No era Parque Chas porque ese barrio es muy fácil de identificar: es el más hermoso de toda la ciudad.
Pero estaba cerca de esa zona, yo estimaba. Quizás un poco más hacia el oeste, y quizás estaba más cerca de Versalles que lo que yo creía. A decir verdad, no tenía más que una muy vaga intuición de mi posición. No había ninguna avenida para consultar; estaba bien metido en un barrio, alejado de toda zona de comercios o de tránsito. No pasaban colectivos, autos, ni caminaba nadie. En ese momento me llamó mucho la atención lo poco que conocía a mi propia ciudad. "Buenos Aires es inmensa... A veces creo que la conozco bien, y sólo tengo que caminar un rato para darme cuenta de que existen lugares a los que nunca había ido, jamás."
Las calles no tenían nombres, o mejor dicho, no estaban indicados con carteles. Se trataba de esas zonas en las que la gente no los necesita, porque conoce cada esquina de memoria, y que no merecía el suficiente tránsito foráneo como para que el Gobierno de la Ciudad invirtiera en su cartelería.

Me llamó poderosamente la atención la extensión de ese barrio. Había caminado ya un buen rato y no me había cruzado con ninguna avenida; todas eran calles o pasajes anónimos. (Para mí, anónimos. Algún nombre habían de tener). Sólo unas pocas tenían algún viejo cartel oxidado indicando el nombre: "Pasaje la Tertulia", "De las Indicaciones", "Narciso Ibáñez Menta". Eran todos nombres que nunca en mi vida había oído. "¿Así que hay una calle que se llama 'Aceituna'? Esto es de lo más increíble".
Y en ese momento fue cuando vi una cosa.
Era... Extraño de describir.
Había un pasaje que, vaya uno a saber por qué, me llamó mucho más la atención que todos los otros. Era una callecita angosta sin salida, sin nombre, sin autos estacionados y sin nada. Ya hacía rato que no me cruzaba ni un alma, nadie en absoluto en ese barrio, pero entrar en este pasajecito daba la impresión de que incluso hubiera menos gente.
Sin darme cuenta ya estaba caminando por esa calle. Me encantaría referirme a ella por su nombre, pero no lo sé. No había ningún cartel, y en el momento estaba tan cautivado por el lugar que no se me ocurrió fijarme en el celular. A estas alturas ya es imposible saberlo. Mi recorrido de ese día fue eliminado por accidente por Google pocos días después de mi aventura.

Así que, estaba maravillado por esa calle. Era pequeña, cálida, acogedora, y muy misteriosa. Pero eso no fue nada.
Mirando mejor, pude divisar al final de la misma una pequeña puerta. No estaba en el paredón que era el final del pasaje, sino en una de las caras laterales.
Se trataba de una puerta de rejas muy bajita, y que no tenía ningún candado o pestillo. Sólo tenía una manija y, antes de querer hacerlo, ya la había abierto y estaba del otro lado.

La puerta separaba el pasaje por el que venía de un pasillo aún más angosto. No parecía una residencia privada. Estaba al aire libre. Era un pasillo con baldosas cuadradas pequeñas, y muy largo.
Tengo que decir que en ese momento pensé en el Cementerio de la Recoleta. El piso de ahí era prácticamente idéntico al de este pasillo: tenía las mismas baldosas y de un color casi igual, y los espacios entre los mausoleos del cementerio que formaban estrechos corredores solitarios se parecían muchísimo a este recóndito lugar.
Y lo que vi después, se parecía incluso más.

El pasillo era lo que parecía ser la arteria principal del barrio Nueva Caledonia (cuyo nombre pude conocer gracias a una chapa extremadamente anciana, oxidada, y abandonada que estaba colocada en una pared). Después de caminar casi una cuadra por esta, ¿calle?, llegué a donde comenzaban las otras.
El corredor angosto tenía el nombre de "Avenida Principal", y de forma perpendicular a él salían las otras calles del mismo ancho que llevaban un número por su nombre.
No me pregunten hasta cuál número llega, porque tuve que irme de ahí antes de que se hiciera de noche, y sólo llegué hasta la calle veintisiete.

El barrio Nueva Caledonia estaba deshabitado. No había nadie que viviera ahí, y daba la impresión de que estaba así hace mucho, mucho tiempo. Las calles numeradas eran algunas muy angostas, y sólo se podía caminar por ellas con cuidado porque a veces no había espacio para pisar con los dos pies a la vez. Algunas otras eran un poco más anchas y se podía caminar bien, si bien no pasé por ninguna en la que no pudiera tocar las casas de cada lado de la calle con los dos brazos a la vez. Mejor dicho, la parte de atrás de las casas de un lado. Déjenme explicar.
En cada una de estas calles numeradas había dos lados: las puertas, que consistía en muchísimas casitas pequeñas y antiquísimas con sus puertas, timbres, y ventanas sucias, puestas una al lado de la otra, y "del lado de enfrente", estaban las partes traseras de las casas de la calle siguiente. Era como si hubieran puesto muchas casas en fila, y hubieran puesto muchas de estas filas una al lado de la otra, dejando un espacio de un metro o menos entre cada hilera.
Cada unos veinte metros, caminando desde la Avenida Principal, en la dirección de alguna de las calles perpendiculares, aparecía otro corredor, que yo llamé mentalmente "Avenida Secundaria", "Avenida Terciaria", y "Avenida Cuaternaria". En total sólo estaban estas tres adicionales en esa dirección. En el lugar en donde debería estar la cuarta, terminaba cada calle en una pared mohosa.

No sé cuántas casas había en total en el barrio. Pude contar al menos diez por cada "cuadra" de veinte metros, así que en total en las cuatro cuadras de cada calle numerada habría cerca de cuarenta. Esto daba un número muy grande de viviendas minúsculas en total contando las muchísimas calles numeradas que había. Como dije, llegué hasta la 27, pero había al menos otro tanto.

Las casas eran muy angostas, no más de dos metros de ancho, todas de sólo planta baja, y se podía ver que eran de una construcción muy rudimentaria y extremadamente antigua. Yo estimé la edad de algunas en más de doscientos años. Quizás tenían más de trescientos. No tenía idea que hubiera material edilicio tan antiguo en mi ciudad.

Creo que es innecesario aclarar que en ningún momento me crucé con nadie, por supuesto, y todas las casas y veredas que vi estaban cien por ciento abandonadas hace muchísimos años. No había alumbrado público, no había ningún cartel, y tampoco había basura o algún papel en el suelo o nada que diera un indicio de que en algún momento alguna persona hubiera estado ahí. El objeto más moderno que ví debe haber sido un timbre eléctrico muy básico que ya no funcionaba.

Cuando el cielo se empezó a poner oscuro, decidí dejar el lugar y a la vuelta preguntarle a mis conocidos al respecto. Esperaba obtener alguna respuesta del estilo "sí, Nueva Caledonia era un club muy antiguo que tenía viviendas internas pero...", o "sí, conozco el lugar, antes estaba habitado pero se cerró hace cien años"... Pero en lugar de eso, como ya conté, nadie, absolutamente nadie, tenía el más mínimo conocimiento de este lugar.

Quise volver muchas veces, pero nunca pude localizar el lugar. Cuando estaba volviendo, en un momento aparecí en Liniers y me di cuenta de que había estado con la mente en blanco durante todo el trayecto desde el barrio en el que estaba hasta esa estación. Me sentí frustrado, porque no podía recordar para nada las calles por las que acababa de venir. Al fijarme en el mapa más tarde, ya en casa, pude ver que la recepción era muy mala en la zona por la que había estado, así que el recorrido era sólo una aproximación y a veces pegaba saltos muy grandes que no tenían sentido (por ejemplo, me indicaba como que había caminado en línea recta siguiendo una diagonal que no existía, atravesando varias manzanas...) Reporté el error a Google, pensando que podría ayudarlos a mejorar de alguna manera, pero en lugar de esto ellos decidieron eliminar por completo este registro de mi cuenta y jamás lo pude recuperar.
Sé que está cerca de la zona por la que yo intuía, a grandes rasgos (Parque Chas y Liniers están a una gran distancia el uno del otro, pero todas las zonas que mencioné se encuentran en la zona, digamos, "oeste" de la Ciudad de Buenos Aires). Es una aproximación muy burda, lo sé, y casi que no sirve de nada, pero es lo mejor que pude conseguir con los datos que tengo.

No sé si se trata de un predio privado que fue semi público y quedó en abandono, o si se trata de un asentamiento improvisado que data de los orígenes de Buenos Aires y que nunca llegó a quedar registrado en ningún lado, o qué demonios será.

Si algún lector sabe o puede conseguir algo de información respecto del barrio Nueva Caledonia, lo apreciaré mucho.

domingo, 10 de mayo de 2020

Cómo regalarle un kilo de helado a tu vecino desconocido

Hay que comenzar utilizando una aplicación de pedidos defectuosa. En épocas de aislamiento, el delivery es una alternativa muy elegida por muchos. Antes solíamos llamar por teléfono directamente a los negocios de los cuales queríamos adquirir un bien, pero hoy en día optamos por utilizar una aplicación móvil como intermediario (séase Pedidos Ya, Glovo, Rappi, y el ahora infame Uber Eats las más frecuentemente utilizadas).
Entonces.
Es una buena idea utilizar una aplicación que vincula tus datos con los que ya tiene en su base de datos: por ejemplo, la vez que pediste un transporte por Uber, quién sabe por qué razón, hace ya mucho tiempo.
La aplicación utilizó la geolocalización para obtener una dirección aproximada de tu casa y enviarte un auto. Y, al parecer, se quedó con ese dato para siempre. Le habrá parecido un lindo barrio, o pensó que le iba a servir para sorprenderte en el futuro.
Y bien que lo hizo.

Hoy toca pedir un kilo de helado. Por azar, toca elegir Uber Eats. No por azar, Uber Eats ya tiene tu dirección. Sí por azar, la dirección es incorrecta.
Sigue elegir los gustos: kinotos al whisky, sambayón, y chocolate con pasas son una buena opción (a menos que tu paladar aún no sea óptimo. Lo lamento de verdad si el lector forma parte de este grupo).
Paso próximo, confirmar el pedido. ¡Es de verdad una aplicación muy simple de usar!
Paso final, buscar el pedido, cuando llegue...

...en cualquier momento...

Ya casi debe estar.

Ahora viene el paso de la duda. ¿Por qué pasó una hora y media y no llegó el pedido que pediste en la heladería que está a 10 cuadras? Gateando tardaría menos.

A éste lo sigue el paso de la sorpresa: en la aplicación dice que el pedido ha sido entregado.

Evidentemente, ahora es el turno de la molestia: no hay ningún kilo de helado en mi casa y ya se está haciendo tarde.

Sugerimos llamar a la heladería y preguntar si ya despacharon un kilo a nombre tuyo. Te van a decir: "sí, salió hace hora y media. Ya te debería estar por llegar".
Pero ellos no lo saben.

Paso opcional, muy recomendado: reportá el error a la aplicación (si bien fue tu culpa no haber visto que la dirección estaba mal, aún no lo sabías). Te van a devolver el 100% del monto de la compra sin cuestionarte.
La primera vez.

Vas a estar un poco molesto a estas alturas, y un poco humillado, sin saber aún que le mandaste exitosamente un kilo de helado a la casa que está al lado de la tuya. Probablemente una familia esté muy agradecida por esta ocurrencia fortuita.
Si no son gente de bien, se van a quejar de que los gustos son feos. ¿Cómo puede ser feo cualquier gusto de helado gratis? Además, cuando esos gustos gratis son objetivamente una exquisitez, pero esa discusión (esa discusión perenne) es para otro momento.
Después de todo, no gastaron plata y vos tampoco.

...

Pero esto no queda así.
Tu generosidad es vasta, pero también lo es tu gula. El chocolate de ese lugar es buenísimo.

Round 2.

Hacés otro pedido.
Y ahí lo ves. La dirección completada automáticamente por la aplicación.
Ah.
Maldito Uber Eats. "Pinche de suerte". Yo no vivo en esa dirección. Esa es la casa del tarado que vive al lado y le grita todas las noches a la madre a las 2 de la mañana. Ah, dios mío. Le mandé un helado gratis.
Bueno.
No importa. Pedís otro.
Y como sos precavido y muy astuto (o eso creías), le vas a mandar un mensaje al repartidor cerciorándote de que la dirección que recibe ahora esté bien (si bien la modificaste por la acertada, igual haces un doble chequeo.) Así no sale nada mal. Nada. No querés más sorpresas. Eso es ser realmente cuidadoso. Seguro va a salir todo bien.

Por tu mente va a pasar la situación hipotética en la que le envías por error un segundo kilo a tu vecino pesado: "Jaj, eso sería realmente hilarante.". Pero, ¿sabés qué? Hay algo que lo sería aún más.

Este es un repartidor amable, porque contesta con un "dale" a tu modesta aclaración. Él está haciendo su trabajo, y tiene en su poder tu kilo de helado.

En el mapa, el delivery aún se muestra en una ubicación algo lejos de tu casa, así que mientras tanto vas a seguir preparando la palta. Podés pensar: "tengo que cortar algunas cebollas también, tengo tiempo.".
Pero bueno, ya pasaron quince minutos, debería andar más cerca.
Y después de veinticinco, ya tiene que estar por llegar.
...
!!!
Vas a ver la notificación: "Pedido cancelado".
Te vas a sorprender, y te vas a enojar bastante más que la primera vez.
Algunos optan por golpear una mesa; otros se descargan con una carcajada nerviosa; otros, los fuertes de verdad, solo espetan casi sin mostrar ninguna emoción: "Se ve que hoy no puedo comer helado.".
Vas a ver la justificación en la app: "el delivery esperó más de diez minutos y no se pudo contactar con usted".
El paso siguiente es obligatorio: la reflexión. Pensá por qué te tratan de repente de "usted", si bien todos los mensajes anteriores te tuteaban. Es una pequeña dosis de formalidad para que no parezca que te están boludeando, pero tiene un efecto adverso.

Ahora, pensá bien lo que acaba de pasar, más en detalle: hubo un tipo con un kilo de helado, que vos podías simplemente ir y agarrar, en la puerta de tu casa (con los correspondientes buenos modales, claro está) mientras vos estabas a pocos metros, sólo a unas paredes o pisos de distancia, cortando una cebolla, y no te enteraste que estaba ahí porque nunca, jamás te avisó nadie.

El mapa con su localización no se actualizó.
El buenhombre no te escribió por el chat, y, mucho menos, no utilizó el increíblemente arcaico pero avanzado sistema de "timbre" que algunas viviendas aún tienen en funcionamiento. Por ejemplo, tu casa.

Pobre de él. No se pudo poner en contacto con 'usted', y eso que estaba en la puerta de 'su' casa.
El timbre.
Preguntate lo siguiente: ¿no podía tocar el timbre?
No.
Los millennials no tocan el timbre. Eso quedó viejo.
Ahora se usa la telepatía. Cuando hay alguien afuera de tu casa con un helado lo tenés que saber.

Así es.

Este proceso se puede repetir indefinidamente, pero hay una cosa que te lo va a impedir: cuando un pedido es cancelado por el empleado que lo iba a entregar, automáticamente se inhabilita cualquier tipo de reembolso...
Así que el dinero que te haya costado este helado, se perdió para siempre.
De la misma forma, tu voluntad se perdió por esta vez.
Y ese kilo rico, va a hacer feliz a alguien. Probablemente, al repartidor que hoy tiene postre.
Como tu vecino, que ya está gritando que no le gusta el sambayón.

Mientras vos comés de postre unas uvas.

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Basado en una historia real

miércoles, 6 de mayo de 2020

1000 horas, y 10 días. Ah, y 3 horas

Había pasado un ratito desde la última vez que había pisado el extranjero. El extranjero de mi casa. No había salido de los metros cuadrados de la ciudad en los que habitaba por 1240 horas, aproximadamente.
Era la hora de la cena.
Ya había lunecido.
Y faltaba comprar pan; más precisamente, pan árabe.
¿Quién compró todo este tiempo? Bueno, otras personas que residen conmigo. ¿Y esta vez? Bueno, una cocinaba, otra estaba entrenando, y... entre las opciones restantes, fui seleccionado, por primera vez.
Antes de salir, computé el tiempo transcurrido desde mi última salida: 15 de marzo a las 22 horas, y pude ver que se trataba de 1243 horas. El número era copado, de cierta forma, así que estuve conforme y eso fue un primer paso para salir. (Quién querría salir a las, no sé, 1239 horas, ¿no? Es un número horrible. Sin embargo, 1243 es un número piola. En ese año se fundó Brno, por ejemplo. Y además, son 10 días pasadas las 1000 horas. Bueno, y un poquito más, pero ni siquiera sé si el 15 de marzo llegué a casa a las 22 o a las 19. Así que es un error aceptable.)

Así que busqué... las... ¿zapatillas? Uf, ya ni me acordaba cómo salir a la calle. Creo que... me tenía que poner calzado, y podría sacarme la ropa de entrecasa por primera vez en casi dos meses. Meh, mejor me pongo otra de entrecasa para seguir con esa racha.

Agarré las llaves, que tenía a mano porque allí las dejé el último día que salí (lavadas y todo), el celular para pagar mediante Mercado Pago (¡el supermercado chino acepta ese medio!), y ya estaba listo para salir.

¡No! El barbijo. Faltaba eso. Yo tenía el mío por ahí, así que lo tomé y ahora sí estaba con todo para salir al espacio exterior.

- ¿Estás listo?
- Sí. Puedo hacerlo.
- Mucha suerte.

Con todo listo, crucé el umbral.
Y ya me encontraba afuera. Había imaginado que el exterior sería un poco más silencioso, más inhóspito. Pero al salir de la escotilla, otro ser con barbijo y perro estaba justo ahí. No nos miramos, y simplemente di los pasos que hicieron falta.
Miré hacia la izquierda, y pude ver ambulancias, así como un... ¿colectivo? pasando a lo lejos.
"Colectivo... Esas cosas eran como una habitación grande pero que no estaba quieta, sino que se movía y te podía llevar a cualquier lado. Incluso algunos desaparecían en plena vista. Ya me había olvidado de esos, mirá vos."
Crucé el antiguo perfluye que separaba mi fracción ciudadana de la de enfrente, y ya estaba a una línea recta del chino.
"Qué loco... Todos estos edificios, todas estas criaturas, la noche... Esto existe mientras yo no lo veo. O eso parece, digo, sigue acá aunque yo ya me había olvidado."
Ver las veredas (es como el pasto pero más duro), ver *EL CIELO* (es como el techo de mi casa, pero celeste y muy alto), y caminar por más de 2 metros seguidos... Se sintió raro.
La sensación se parece a la de volver a un lugar muy lejano después de no visitarlo por mucho tiempo, y notar las cosas que cambiaron y las que no, mezclado con la sensación de haber estado, quizás, en un coma, o algo así. Porque el lugar lejano estaba literalmente afuera de mi casa. Y yo vivo ahí.
(Nunca estuve en un coma pero supongo que debe ser un poco similar (módulo otras afecciones).)

En los, aproximadamente, cien metros que me tocó transitar, quizás flotando en el espacio, quizás caminando, no me crucé con nadie, pero vi a unos seres conversando del otro lado. Todos con su barbijo, tapabocas, cubrerrostro, vestimenta facial: la prenda de moda.

Y llegué al nuevo país. Estaba en el Chino.
La cajera de siempre, con su disfraz de faz, y una pared transparente de papel film que separaba su cachito de su cachiton't. Los seres, formando una hilera, espaciados regularmente según indicaban unas cintas pegadas en el piso. Guido, haciendo sinapsis, buscando el pan árabe.

"Es extraño. La última vez que salí, la gente se daba la mano y se tocaba. Ahora todos están a un metro de distancia y rechazan las miradas, como si se pudieran contagiar de algo mediante los rayos de luz..."

Un colectivo pasó por lo que llamaban "calle", y se vio desde la puerta del chino. No solían pasar por ahí. De hecho, no lo hacían nunca a menos que la ruta habitual estuviera cortada por obras o algo así.
"¿Qué obras pueden estar sucediendo ahora? Obras de teatro seguro que no, al menos no con público. Obras sanitarias o de reparación, no creo. Además, ya es de noche. ¿Será...? No sé."
No tengo idea. Bueno, mi turno de pagarle. La cajera tomó el producto que yo deposité por debajo de su artefacto separador, en la abertura especialmente diseñada para ello, y me dijo "85 pesos". No tengo idea si eso es caro, si es barato, o si los conceptos de caro y barato se diluyeron de la misma forma que el concepto de los días lo hizo. Podría pensar que es un dólar y pico, o que es menos de un dólar, según qué cotización tome en cuenta. De las miles que hay. Podría pensar que nada es caro si lo puedo pagar. O podría pensar que el chino maldito me está estafando, ¿cómo va a salir 85 pesos un pan? En fin. No es pan cualquiera. Es pan árabe. Pan uqbarniano, en una de esas.

Ya era hora de dejar este nuevo continente. Tomé mi producto comprado, mi pancito, y me fui.
"Había muchas personas en el súper... ¿No había una orden de aislamiento? Por eso es que estuve tanto tiempo en casa. ¿O no estuve tanto tiempo en casa, sino que me olvidé todo y yo creo que no salí hace mucho pero sí lo hice, ayer? Lo dudo... Pero es una posibilidad, andá a saber."

Y ya estaba en la ruta de regreso.
Deshice mi camino para llegar al punto desde el cual había partido, pero me topé con la cosa más singular:
Una criatura (de esas que habitan en el perfluye y sus fracciones adyacentes, y van a comprar al chino y charlan en la puerta de los edificio) tenía una máscara que cubría toda su cara, símil a las que usaba la gente cuando antes se hacían cosas, y soldaban, por ejemplo. Pero esta era más barata, parecía hecha con un pedazo de una botella de gaseosa o algo así.
Cruzaba, de un lado al otro, y se metía entre los autos. No sé qué agarraba, porque parecía que algo agarraba de los tachos de basura (¿basura?) o de los cordones.
En un momento, decidí cruzar para llegar al lado de mi casa, y la señora salió de quién sabe dónde. Creo que estaba abajo de una baldosa.
Me mira, piensa un rato, y espeta:
"Perdón."
Y sale corriendo. Desapareció acto seguido. No pude evitar pensar, "debe ser pariente de ella". La del piano, esa.

Así que, no salgo por dos meses, y cambia casi por completo la forma de actuar de la sociedad en la que estoy inmerso. Sí, "sociedad" es una palabra. Cambia el recorrido de una línea de colectivo (existen todavía!!), cambian los horarios de todo el mundo, cambia mi percepción de salir a la calle al punto que pareció casi una aventura (duró no más de 5 minutos), y cambio caaambio dólar euro real, caaasa de cambio. Cambia la moda también. Bastante.

Y bueno.
Entré a casa.
Tenía el pan.
Y un barbijo puesto (contra mis expectativas, no me molestó en lo más mínimo tenerlo puesto, y hasta me agradó).

Ya me estaba olvidando cómo era el exterior. Cuando dejé todo y me vine a mi habitación de nuevo pensé que me lo había imaginado todo. No sentía haber estado afuera.
Y mientras escribo esto, mis vecinos aplauden. ¿Cómo saben que estoy escribiendo? Son muy gentiles en reconocerme de esta manera. Muchas gracias, seres de moradas colindantes.

Así que sí, llevaba 1 segundo sin salir de casa. ¡Hurra!